Cómo explicar que entre los cerros y el silencio iba a encontrarse con esa pequeña grutita de la Difunta Correa. Y que justamente ahí, en medio de la nada, había una botella plástica con agua. Milagro, o pura causalidad. Lo cierto es que a Mario Raúl Saavedra ese poco de agua, más algunas raíces y cactus, le sirvió para sobrevivir esos casi cuatro días en los que estuvo perdido en las afueras de Ullum hasta que encontró una salida por el río en Zonda.

Solo él sabe las peripecias que pasó. Por ahora, el baqueano de 39 años prefiere guardárselas. Sin embargo, su familia contó parte de esa terrible odisea que acabó el sábado por la noche cuando se contactó con unos policías que custodiaban la obra del dique Caracoles y Punta Negra.

Mario Raúl Saavedra se internó el lunes pasado en la zona llamada "Sierra de Deheza" con su amigo Mauricio Zapata. El miércoles a primera hora, Mario decidió salir solo y trepar un cerro conocido como "El Chupadero" con la idea de cazar un guanaco. La niebla le jugó una mala pasada en lo alto y entonces perdió el rumbo. No pudo regresar y sin saberlo se alejó. Su amigo tampoco logró localizarlo, de modo que el jueves regresó a Ullum a buscar ayuda.

"Dice que se desorientó. No llevaba ni agua. Solo un encendedor y un paquete de cigarrillos", contó su prima Gema Guzmán. Lo único que tenía puesto era una chomba, un pulóver de hilo y un pantalón jeans, contaron.

Detalles no dieron, pero Saavedra contó a su familia que cuando empezaba a sentir la sed se encontró con una pequeña gruta de la Difunta Correa en ese lugar inhóspito. "En la grutita había una botella con agua y se la pidió prestada a la difunta" para poder beber algo de líquido, dijo Alejandra Guzmán, la otra prima. Su hermana Gema, relató que por momentos apenas "se mojaba los labios" para que el agua le durara.

También comentaron que el baqueano soportó mucho frío en las noches. Con el encendedor y la leña que hallaba hacía una fogata para acurrucarse al lado del fuego. "Dormía dos horas y se volvía a levantar para prender el fuego y calentarse", según Gema. No tenía qué comer, pero su instinto de supervivencia lo llevó a comer raíces y algunas "Quiscos" o pequeños cactus que, junto a esa escasísima agua que encontró, lo ayudaron a caminar horas y horas, relató su familia y la policía. De hecho, tomó rumbo al Sur llegando al departamento Zonda. "No se imaginaba que toda la policía, los vecinos y nosotros lo andábamos buscando. Cuenta que tuvo miedo y se preocupaba más por su madre, pero se decía que tenía que sacar fuerza de donde sea para salir", agregó Alejandra.

Saavedra completó el milagro cuando el sábado llegó al río San Juan. No sabía dónde estaba, pero supuso que caminando aguas abajo algo iba a encontrar, contaron en la Seccional 15ta. No pudo cruzar el río por su caudal, según habría relatado Saavedra. Por eso recorrió varias horas bordeando la orilla, hasta cruzó unos cerros, y después llegó a un remanso y recién ahí lo atravesó. Llegada la noche, escuchó los ladridos de unos perros de los guardias del dique Caracoles, donde finalmente lo auxiliaron.