‘La única respuesta que le puedo dar a la gente, es que fui tan estafado como ellos. Yo no ando con un palo doscientos mil pesos encima, como quieren hacer ver’, dijo ayer el empleado judicial que está imputado en una presunta estafa millonaria por la venta de una docena de lotes a nombre de una persona fallecida. Contó que fue contratado por una pareja que decía ser la dueña de esas propiedades y que le dio un poder, a la vez señaló que antes de empezar a comercializar esos terrenos se asesoró con el escribano que hoy lo denuncia y que éste aseguró que los papeles ‘estaban todos en orden’. No quiso dar datos de dónde se veía con los supuestos dueños o cuándo los vio por última vez, pero afirmó que esas personas desaparecieron.
‘Actué de buena fe. Un día me apareció esta persona que dijo llamarse Orlando Adárvez y su señora y me propusieron un negocio inmobiliario. Yo hice un trabajo, cobré una retribución y nada más. La plata por las ventas de los lotes, se las rendí a estas personas. Tengo comprobante de todo, lo demás no lo sé’, comentó Juan Carlos Obredor Balmaceda (37), el empleado de la Cámara en lo Civil, Comercial y Minería. Él realizó las ventas y las cobranzas como apoderado de los supuestos dueños y ahora quedó como imputado en la causa por presunta estafa con la venta esos lotes de calle Gorriti, Santa Lucía. Es que, según la investigación, esas propiedades pertenecen a un hombre ya fallecido y Obredor Balmaceda los comercializaba con un poder falso a nombre del difunto.
El empleado judicial contó que esa pareja le entregó un poder firmado en la Escribanía Basualdo, un plano y un informe de dominio que indicaban que los terrenos eran suyos. ‘Esos papeles los llevé al escribano Alejandro Criffó para corroborar si eran auténticos y me dijo que estaba todo bien. Yo no sabía que eran apócrifos. Él se quedó con la documentación y nunca me dijo que detectó alguna irregularidad. Después, por carta documento, me dice que me va a denunciar’, relató.
Por otro lado afirmó ‘no sé cuál es la estafa o perjuicio, para mí estaba todo bien. No sabía que Adárvez estaba muerto. Y hoy por hoy, esas personas que hablaron conmigo están desaparecidas. No sé dónde viven o dónde están. En todo esto soy una víctima más, a mí me usaron para hacer una estafa’.
