Matías Colazo (20 años, jugador de hockey sobre patines) era como de la casa. Aunque había nacido en Córdoba y conoció a sus parientes gitanos de San Juan 20 años después, comenzó a frecuentarlos con total normalidad. La fuerza del parentesco llevó a sus familiares a ofrecerle el padrinazgo en un bautismo y Colazo aceptó. Una semana antes se radicó en la casa de Capital en la que iba a realizarse el festejo, que finalmente ocurrió el 14 de julio de 2013. Pero aquella vez todo terminaría en un escándalo: alrededor de las 21, cuando la mayoría dormía (varios embriagados) la hija de la dueña de casa, por entonces de 11 años, se fue al baño del fondo. Y allí entró Colazo, con los pantalones bajos y dispuesto a todo. Tomó a la niña por los brazos, la arrinconó contra una pared y la violó, según el expediente. En pleno ultraje apareció un hermano de 14 años de la niña, que andaba buscándola pues no la encontraba por ningún lado y, además, le pareció raro ver su pollera colgada en la puerta. Cuando quiso entrar, su primo, con el cierre bajo, se lo impidió. Luego salió y desapareció del lugar. El muchacho entonces llamó a gritos a su mamá y se fue a la cocina a buscar un cuchillo, porque estaba dispuesto “a matarlo”.
Aquella noche la niña no dijo nada, pero dos días después le contó a una tía lo que le había hecho su primo. Y en el acto hubo denuncia. También un examen médico que certificó las lesiones genitales y luego una entrevista con el sistema de Cámara Gesell que confirmó que había sido víctima de un ultraje sexual.
Pero cuando el titular del Tercer Juzgado de Instrucción juez Guillermo Adárvez (secretaría de Eduardo Raed) ordenó capturarlo, el joven no pudo ser localizado. Y estuvo 2 años prófugo hasta que policías de Seguridad Personal, supieron por Facebook que iba a jugar un torneo de hockey en El Calafate, Santa Cruz. Entonces avisaron a sus pares policiales de allá y lo atraparon.
En su defensa, Colazo negó los hechos y atribuyó la denuncia al “despecho contra su mamá, porque dejó la vida gitana”. Para el juez, sin embargo, quedó probado que es un violador.

