En la historia de Miguel Angel Palma y María Cristina Olivares siempre pareció mediar la figura de otra mujer: Rosa Videla, una novia de la infancia de Miguel. O viceversa, porque ambas parecían obsesionadas por tenerlo. Según Yésica Olivares, hermana de la víctima, precisamente por Rosa fue que su hermana puso fin a tres años de matrimonio, un año atrás, cuando sorprendió a ambos en la casa que compartían en calle 10 y Lemos, Pocito, aunque esa separación tuvo regresos. ‘Él la maltrataba, no la ayudaba con los chicos y encima una vez le echó la camioneta encima para poder hablar con ella y ahí apareció Rosa Videla y golpeó a mi hermana. Pero a pesar de todo Cristina volvía con Miguel, estaba enamorada, estaba tonta por él igual que esa hija de p… de la Rosa, las dos estaban obsesionadas por él’, dijo ayer Yésica, indignada igual que su familia por el trágico fin de la joven madre.
Pelar ajos, trabajar como empleada doméstica, cuidar enfermos. Cuando llegó el momento de separarse, cualquier trabajo digno le venía bien a Cristina para mantener a sus hijos y sumar unos pesos a la ayuda del gobierno. Tal aire pareció tomar la conflictiva relación tras ese quiebre, que Antonio, su papá camionero, hasta le construyó una casa en el fondo de la suya para que allí se fuera a vivir con sus hijos.
Pero como Antonio no soportaba el empecinamiento de su hija por quien la ‘maltrataba’ -dijo Yésica- la enésima vez que Cristina volvió con su marido resolvió que lo mejor era que se fuera. Y así fue que la joven, supuestamente con ayuda de Palma, alquiló cerca de la casa de sus padres en Villa Constitución, Pocito, donde la vieron salir en su moto Zanella 110cc. hacia su muerte.
Ese supuesto juego a dos puntas de Palma, con peleas entre ‘sus mujeres’ y varias denuncias cruzadas, habría cuajado en el presunto plan para deshacerse de Cristina, la mayor de cinco hermanos. ‘Ahora deben pagar por lo que hicieron’, dijo Yésica.

