Fue una noche de descontrol, extremo, total. Porque el camionero en lugar de obedecer la orden policial de trasladarse con su camión cargado con melones hasta la seccional 12da de Valle Fértil por falta de papeles, optó por intentar escaparse. Porque uno de los policías que luego lo persiguieron en cuatro patrullas (dos autos y dos motos), en lugar de buscar alguna alternativa para frenar su marcha y detenerlo por su "rebeldía", optó por protagonizar un caso sin precedentes en la provincia, según lo describió ayer el propio jefe de Policía, Eduardo Lirola. Porque ese policía, el oficial subinspector Ricardo Rodríguez, se "encarnizó" con el camionero atacándolo a tiros. Primero con una escopeta, con la que en los primeros tramos de la persecución lanzó al menos un disparo, porque se le trabó el arma. Porque luego sacó su propia pistola 9 mm reglamentaria y vació el cargador contra el camión y su conductor. Y luego también disparó con el arma del chofer de su patrulla y compañero en la seccional 12da. Al cabo de unos 20 km, esa loca carrera terminaría de la peor forma para ese camionero, el riojano oriundo de Chepes Federico Gastón Orihuela (37). A pesar de circular a elevada velocidad por el medio de la Ruta 510 tratando de impedir que los policías lo sobrepasaran, el patrullero de la seccional se le puso al lado y de ahí recibió una primera tanda de balazos, que, al parecer, lo hirieron en sus piernas. Luego de esa maniobra, el patrullero lo sobrepasó, el mismo policía sacó medio cuerpo por la ventanilla y le volvió a disparar de frente, sentenciándolo.

Luego de esos últimos impactos, Orihuela perdió el control del camión, que se cruzó hacia el carril izquierdo hasta impactar contra un árbol (allí cayó el chofer) y volvió a la ruta, chocando en la parte trasera a un VW Gol con cuatro personas (que no sufrieron lesiones) y paró su marcha a un costado de la calle.

Víctima. Federico Gastón Orihuela nunca usó un arma.

El jefe de la Fuerza dijo que estaban sorprendidos por la reacción de Rodríguez, porque en su carrera como policía tenía llamados de atención por cuestiones menores en sus distintos destinos desde que ingresó en 2017: Los Berros en Sarmiento, Pocito, la seccional 23ra y desde hace dos semanas en Valle Fértil.

Según Lirola, tras una averiguación en su entorno se supo que tenía familia y ningún problema, al menos perceptible, que explicara su desborde extremo. Ahora el fiscal coordinador, Iván Grassi, el fiscal Francisco Pizarro y los ayudantes fiscales Mariano Carrera y Maximiliano Gerarduzzi (UFI de Delitos Especiales) analizan imputarle un homicidio agravado, por haber matado abusando de su función como miembro de una fuerza de seguridad. La pena para ese delito es perpetua.

Todo indica que Rodríguez quedará imputado por ese delito, porque se acreditó que el camionero no usó un arma para disparar. Tampoco llevaba drogas en el camión, indicaron.

Ayer por la tarde, la autopsia en el cuerpo del chofer reveló que en su cuerpo había seis balas calibre 9 mm, cinco que respondían a un mismo patrón de estrías (al parecer las del arma del oficial) y una más del mismo calibre pero con marcas distintas (habría sido disparada con la pistola del otro policía). Tres de esos proyectiles hirieron las piernas del camionero y las otras tres ingresaron por el pecho. Además, el médico determinó que otros dos balazos por poco no se le colaron por el rostro, donde alcanzaron a lastimarlo por el violento roce pero sin penetrar su cráneo, indicaron.

Al oficial le atribuirían matar abusando de su función como policía. Para ese delito la pena es perpetua.

El trágico itinerario de Orihuela comenzó cuando unos policías, destinados al operativo policial por el rally Safari tras las Sierras, le pidieron que sacara su camión del lugar donde lo tenía estacionado y, de paso, le exigieron documentación. Cuando notaron que no estaba en regla -explicaron- llamaron a la seccional y le pidieron que fuera con camión y todo hasta a esa sede policial. Pero en el camino se desvió y aceleró, al parecer, con intenciones de irse, tal vez hasta su casa en Chepes, La Rioja.

Desde la izquierda, el fi scal Francisco Pizarro, el fi scal coordinador Iván Grassi y el jefe de Policía, comisario general (RE) Eduardo Lirola.

Según los investigadores, en los primeros tramos de persecución, dos policías en motos del Grupo GAM lo pasaron y se adelantaron para alertar sobre el peligro a otros conductores que viajaban en sentido contrario. Atrás del camionero, iban el móvil de la seccional con Rodríguez, el chofer y una policía, otro patrullero y una camioneta de Medio Ambiente.

Todos fueron testigos de la "locura" hasta ayer inexplicable atribuida al oficial Rodríguez.