2 de marzo de 2010 - 00:00

Los condenados por el caso Estornell, están prófugos

Ordenaron detenerlos luego de un fallo firme en su contra, pero hasta ayer no los localizaban.

Cayeron presos el 13 de octubre de 2005, luego de extorsionar 10 meses a la conocida familia Estornell para sacarle unos 350.000 dólares de una deuda (inexistente) que había dejado el fallecido Héctor Estornell. Al cabo de 2 años quedaron libres por no tener sentencia. Y dos años después, en septiembre del año pasado, acordaron con el fiscal José Eduardo Mallea ir a un juicio abreviado, en el que aceptaron su responsabilidad y también cumplir el mínimo de la pena por tentativa de extorsión: 3 años y 4 meses de cárcel. Como enseguida supieron que las penas mayores de 3 años son de cumplimiento efectivo y debían volver a prisión, cuestionaron el cómputo de sus días de encierro y pidieron que se les dé por cumplido el castigo, sin eco favorable. En diciembre pasado el fallo quedó firme en la Sala III de la Cámara Penal, y el 4 de febrero último los jueces Eugenio Barbera, Héctor Fili y Ricardo Alfredo Conte Gran ordenaron la captura y dieron a la Policía los domicilios donde podían encontrar a Miguel Ángel Altamirano (74 años), Horacio Alejo Maza (57) y Daniel Humberto Fornari (53). Pero hasta ayer ninguno era localizado y técnicamente ya se los considera prófugos, dijeron fuentes judiciales.

En Tribunales esperaban que los tres sujetos aceptaran volver a la cárcel de Chimbas, porque en teoría la recuperación de su libertad parecía cuestión de días.

Altamirano había cometido una maniobra similar contra políticos y empresarios en la década del 70, haciéndose pasar por miembro del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), y la conmocionante extorsión contra los Estornell fue un calco de aquel plan, también frustrado por escuchas telefónicas. Con más de 70 años y algunos problemas de salud, Altamirano podía acceder a la prisión domiciliaria a pesar del castigo impuesto.

Maza y Fornari en cambio deberían pasar al menos 2 meses y 20 días más en prisión, para empezar a pedir los beneficios de las salidas transitorias y la libertad condicional, siempre que cumplieran el régimen de disciplina carcelaria. Ahora, su destino es una incógnita.

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