Reprimir el llanto, porque era sinónimo de castigo seguro si al volver su madre y su ahora expadrastro, que la dejaban encerrada, la encontraban llorando. Orinarse por temor. Hiperkinesia. Simular matarse con un arma de juguete o apuntarle y hasta gatillarle a la psicóloga para que no siguiera preguntándole o decirle: ‘ni siquiera pestañees’, mientras ella no paraba de hacerlo. Terror por las noches a ser atacada o tocada, o mostrar una conducta erotizada para su edad (tenía 8 años). Todos esos signos de ataques e incluso de posibles abusos sexuales, fueron descubiertos por la titular de la Cámara Gesell, Inés del Pilar Rodríguez, luego de múltiples entrevistas con Camila y su entorno familiar, desde que la nena estuvo internada por un golpe que le dejó una lesión cerebral casi letal el 25 de octubre de 2013, hasta que se recuperó y pudo responder preguntas, con sus palabras, su cuerpo y sus gestos.
Según la profesional, sus numerosos encuentros con la nena le dejaron la convicción de que percibía a su mamá, la docente Alejandra Ríos, y a su entonces padrastro, Pedro Oris, como figuras ‘destructivas’ por igual. Al punto de que no dudó en tratar a su mamá de ‘yegua’ y decir que la odiaba. Y a Oris como un ‘malcriado’ que llegó a ponerle una escopeta en la cabeza para amenazarla.
Al detallar los ataques que la nena le dijo haber sufrido, aludió además a golpes con un talero, con un cinto, y su cabeza como blanco de los golpes. Por eso fue conmovedor cuando relató que en una entrevista, la nena vio un revólver de juguete y empezó a apuntarse a la cabeza y su mejilla. Y también apuntarle y hasta gatillarle a la psicóloga.
En su informe, Rodriguez dejó en claro también que Camila tenía rechazo hacia las figuras femeninas relacionadas con su madre, como sus tías y principalmente su abuela. Tanta era su aversión, que cuando estaba internada mordía a sus tías cuando éstas pretendían darle un beso.
Ayer, también declararon en la Sala I de la Cámara Penal, la exesposa y una de las dos exparejas de Oris. La primera, Alicia Escudero, dijo que a ella la golpeó incluso cuando estaba embarazada y que tiene un nene esquizofrénico al que Oris nunca ayudó. Anabel Guevara fue más cruda: en sus 10 años de convivencia dijo que a ella no la llamaba por su nombre sino por un insulto, que le pegaba y la pateaba incluso en el piso. Y que decidió huir y separarse cuando empezó a insultar y golpear a sus cuatro hijos, sobre todo a la mayor. ‘Aún tengo pesadillas con él’, dijo, ayer, conmovida.
Hoy, podría concluir la ronda de testigos en el juicio por tentativa de homicidio contra Oris y Ríos.

