María Antonia Martín, una mujer de 62 años casi ciega a causa de diabetes, aceptó en un juicio abreviado su responsabilidad en la muerte de Pablo González, un vecino suyo del barrio San Francisco II, de 15 años, muerto el 13 de abril de 2011 por tocar un alambre con corriente en su finca de calle Díaz al 700 Norte, Chimbas.
A través de su defensora oficial, Mónica Sefair, Martín llegó a un acuerdo con el fiscal de Cámara Gustavo Manini, por el cual se muestra dispuesta a pagar con 11 años de cárcel por el delito que le imputan: participación principal en homicidio simple (penas de 8 a 25 años) por dolo eventual, es decir por representarse que con el alambre electrificado podía matar a alguien y seguir con su actitud, indiferente a ese resultado.
El juez Juan Carlos Caballero Vidal (h) ya aceptó esa propuesta en la Sala I de la Cámara Penal. Ahora deberá decidir si aplica el mismo castigo que le propusieron o un menor. Por ley, no puede haber una condena mayor. De todos modos, todo indica que la mujer no irá a prisión y seguirá con arresto domiciliario por estar enferma, indicaron.
Todo pasó alrededor de las 16 de aquel 13 de abril. En la familia González y su entorno siempre dijeron que el niño se metió a la finca a buscar una pelota. Sin embargo el balón nunca fue hallado y en la Policía siempre sospecharon que pudo ingresar a robar, ya que ese día encontraron violentado un portón y varias cosas embaladas como para ser sustraídas.
Aquella vez quisieron quemar la casa de Martín, pero la Policía lo impidió y hubo una batalla campal.

