Se habían conocido hace más de 10 años, cuando ella vivía con su tío y él era jornalero de ese hombre. Noviaron y decidieron ir a vivir juntos cuando él (el "Loco" Gamboa, 45 años) le mostró su lado B, un perfil de insultos y violencia cada vez que se emborrachaba. Cuatro años después decidió dejarlo, cansada, pero sucumbió ante sus promesas de cambio y ya con otra hija de por medio (hoy tiene 5 años) regresó a esa vida que volvió a ser la misma. En todo caso, fue ella la que tuvo que cambiar, porque ahora cada vez que él se alcoholizaba se encerraba con llave en su precario dormitorio y no salía. O salía, pero con una cartera que atravesaba en su abdomen como escudo, porque muchas de esas agresiones incluían la amenaza de acuchillarla. La propia víctima (Barbara, 31 años), contó que las cosas empeoraron hace tres años, cuando él, empezó a gastar en bebida todo lo que ganaba en sus changas y era ella quien debía comprar lo que poco que podía de comida con lo que le dan de ayuda del Gobierno por sus dos hijas. De ahí sacaba también para sus medicamentos, porque sufre convulsiones.

Necesito ayuda porque la familia de él ya me dijo que me van a echar y no tengo dónde ir
BÁRBARA, VÍCTIMA

Hasta que sucedió lo impensado: en el enésimo ataque que sufrió de su pareja, también fue agredida por el amigo de él, de apellido Molina. Y no aguantó: los denunció, los apresaron y ahora no sabe qué hacer, porque vive en un ranchito que construyeron detrás de la casa de los padres de él, en la Villa Hilario Elorza, en San Martín, donde ya le dijeron que si el changarín no salía del calabozo la iban a echar la calle con lo poco que tiene: un aparador, un viejo televisor y una cama.

Todo comenzó el sábado, a media mañana. Según contó la mujer, ese día su pareja llegó a la casa con su amigo para seguir bebiendo después de un día de borrachera. Ambos se quedaron afuera. Ella se encerró como siempre en el dormitorio con su nena, durmieron la siesta y cuando se levantaron, se bañaron y se cambiaron. Hasta que vio cómo su pareja rompió una botella y amenazó con atacar a la nena a eso de las cinco de la tarde.

Entonces se puso la cartera, ella empujó a la niña para evitar que saliera herida y eso desató la furia de su pareja. "Me empujó y me hizo golpear muy fuerte en la cabeza y la espalda contra la pared. Ahí se metió el otro y me agarró del pelo, cuando no tenía nada que ver. Agarré un fierro para pegarle al que me tenía del pelo pero se agachó o no sé y le terminé pegando al otro. Me lastimaron los brazos también pero me escapé, corrí hasta la casa, cerré la puerta y abrí un cañizo (que usa de precaria pared) y me fui a una vecina", relató.

Y agregó: "Más tarde, a eso de las once de la noche volví por mis remedios para las convulsiones, otra vez quiso pegarme y ahí fue cuando lo denuncié. Cuando llegamos con la Policía, a eso de las 2 de la mañana estaban los dos con las luces apagadas y un gran cuchillo en la mesa, parecía que me estaban esperando".

"Yo antes nunca lo denuncié porque le tengo miedo y porque no tengo dónde ir, mis familiares son gente muy pobre igual que yo y ya no sé qué hacer, necesito ayuda, necesito dónde ir porque la familia de él ya me amenazó con sacarme con muebles y todo a la calle. Además, no sé qué va a pasar si él queda libre. Es una situación muy desesperante, pero ya no aguanto más esta vida", concluyó.