Grave fue la imputación de los delitos sexuales que el juez Martín Heredia Zaldo le atribuyó al sospechoso de 53 años.

 

Cuando la psicóloga le pidió dibujar a su familia, le costó. Envuelta en llanto, angustiada, apenas lo consiguió, un rato después. Ante cada intento del profesional por desentrañar quién era el padre de la criatura no reveló ninguna identidad, y el resto de los interrogantes los sepultó con respuestas monosilábicas (sí, no, bien), casi sin levantar su cabeza, sin parar de llorar. La única corta frase que pudo arrancarle con nitidez fue: "Me violaron", pero de ahí en más no ahondó en ningún detalle.

El mismo comportamiento había mostrado el 19 de febrero pasado ante los profesionales de un centro de salud de Chimbas, al que su mamá (sindicada como alguien con problemas psiquiátricos) la llevó por primera vez en busca de ayuda, porque desde agosto pasado había notado que ya no salía a jugar con sus amigas y en el último par de meses percibió con mayor fuerza su silencio, su angustia, su estado depresivo. Ese día, más que nada, quería confirmar su sospecha de que estaba embarazada, dijeron fuentes judiciales.

Allí descubrieron la faja que la niña llevaba para ocultar su octavo mes de embarazo (32 semanas) pero la niña tampoco quiso decir quién había abusado de ella.

Cuando el embarazo se confirmó, le prometió a su mamá revelarle el nombre de su atacante sexual, pero recién cuando naciera la criatura. La mujer sospechaba de su yerno y otros dos jóvenes del barrio que frecuentaban su casa.

La beba nació por cesárea el 3 de marzo pasado, y su precoz madre volvió a encerrarse en su silencio sin revelarle a su mamá la identidad del abusador, como se lo había prometido.

Por esa razón fue que el juez del caso, Martín Heredia Zaldo, ordenó una serie de estudios de ADN a los varones de la casa, incluidos su padre, hermanos y un cuñado de la niña.

Los psicólogos detectaron un severo cuadro de angustia depresiva en la menor.

El 4 de junio se supo que el papá de la beba era a la vez su abuelo y tres días después el hombre, de 53 años, quedó detenido, pero nada habló ante el juez sobre el porqué atacó sexualmente a su propia hija.

Ese hombre, señalado en una encuesta vecinal como alguien agresivo y con problemas en el consumo de alcohol, ahora seguirá preso. El magistrado lo procesó con prisión preventiva por violar a su hija entre los 12 y los 13 años y por corromperla sexualmente, dijeron fuentes judiciales.