29 de noviembre de 2018 - 00:00

“Que pague por lo que hizo, él no tenía derecho a quitarle la vida a ella ni a nadie”

Lo dijo el hijo de la mujer degollada en su casa de Rawson. Un albañil salteño confesó públicamente su autoría criminal.
Escenario. Marcelo Altamirano (izquierda) en la puerta de la casa de su mamá Nelly Elizondo (69, abajo), asesinada a cuchillazos por un albañil que conocía.

 

Marcelo Altamirano llegó como todas las noches a la casa de su mamá en la Villa Hipódromo, en Rawson, para repetir un afectuoso ritual: cada vez, se saludaban, él se constataba que todo estuviera bien, ella se interesaba por su hijo y sus cosas, cruzaban algunos comentarios más y finalmente él partía a su trabajo nocturno en una panadería. Pero la noche del miércoles esa rutina se trastocó a un nivel inesperado. Cuando llegó, sobre las 23, a Marcelo le pareció raro que todas las luces de la casa estuvieran apagadas (lo usual era lo contrario) y empezó a pensar lo peor cuando avanzó unos pasos y notó la puerta de ingreso apenas entreabierta. Y al encender la luz la escena lo devastó: sangre en la puerta de la heladera, en el piso y lo más terrible, su mamá tendida en una sala boca abajo, desangrada, sin vida.

 

Nelly Beatriz Elizondo se llamaba la víctima. Estaba jubilada, tenía 69 años, sufría diabetes y vivía sola en el 151 de la calle Tumbes, entre Zapiola y Necochea, en la Villa Hipódromo.

El examen médico reveló que presentaba varios cortes, principalmente en el cuello, uno de los cuales fue más profundo y acabó con sus días, dijeron fuentes policiales y judiciales. Cuando los policías de Villa Hipódromo, Homicidios y la Brigada Sur se pusieron a investigar, en el acto saltó un vecino que en la tarde había visto salir a un albañil de la casa de Nelly luego de una discusión.

Ese sujeto es el salteño Hipólito Orellana (55) y fue capturado alrededor de las 4 de ayer en una pensión de la Villa Cenobia Bustos, en Rawson. De su casa secuestraron cuatro cuchillos, unos $28.000 y otros objetos, varios manchados con sangre, como una de las armas blancas y parte del dinero que había sido enterrado.

Orellana no negó a la Policía su relación con el crimen. Y lo confirmó públicamente al decir que con la víctima tenía una "relación de pareja", que pelearon, que ella lo lastimó y él la mató.

"Mi mamá no tenía ningún amorío con él. La conocía desde hace un año porque hizo muchos trabajos de albañilería y ella a veces le prestaba plata. Él sabía que ayer (por el miércoles) había cobrado y esa plata no estaba en la casa. Que pague por lo que hizo, no tenía derecho a quitarle la vida a ella ni a nadie", dijo Marcelo.

Al albañil podrían atribuirle un homicidio agravado, castigado con perpetua.
 

 

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