Para los pesquisas policiales y judiciales que dirige el juez Maximiliano Blejman, el “robo” que terminó en el “homicidio” del jubilado judicial Guillermo Abraham Alcayaga (71), es desde anoche caso resuelto. Ese convencimiento les dio un joven que se entregó anoche y confesó que, la madrugada del lunes, fue a robar con otros dos parientes a la casa de la víctima en la zona El Rincón, Albardón, para comprar drogas. Dijo además que él no robó porque vio al anciano descompensarse y trató de reanimarlo poniéndole un papel con desodorante en las vías respiratorias y dándole masajes en su pecho. Y que, al no lograrlo, huyó sin robar y sin saber si sus parientes sustrajeron algo, dijeron fuentes judiciales.

Para los pesquisas, hay mucho de creíble en su versión porque Alcayaga falleció por una falla en el corazón que, al parecer, estuvo influida por otros episodios previos: una angina que lo tuvo internado y un hígado con cirrosis, precisaron.

El confeso partícipe en esa maniobra que le costó la vida a Alcayaga se llama Juan Manuel Muñoz, que tiene 19 años y le dicen “Fiolo”. Anoche, sobre las 20, llegó hasta el Cuarto Juzgado de Instrucción acompañado de su abogado Maximiliano Páez Delgado. Y en el acto contó su versión: dijo que esa noche dos parientes suyos, Josué Muñoz (19, alias “Carne Molida”) y el “Poroto” (un menor de 17 años, prófugo) lo invitaron a ir a robar para drogas a una casa, sin precisar cuál. Que una vez que llegaron, los otros dos forzaron la puerta para entrar y que allí vio al anciano descompensarse. Entonces su misión dejó de ser el robo para concentrarse en el auxilio a la víctima, sin éxito.

Minutos antes, Josué Muñoz (detenido el lunes por policías de Homicidios) declaró que no fue parte del trío, y que el “Fiolo” y el “Poroto” llegaron a contarle del robo y la muerte del hombre, pero cometió contradicciones.

El caso fue calificado como homicidio en ocasión de robo, con penas de 10 a 25 años de cárcel.