San Juan.- Mañana se cumplen 20 años de su desaparición y los sanjuaninos aún recuerdan con exactitud su nombre: María Rosa Pacheco. La mujer fue víctima de uno de los casos que más movilizó a la provincia por la violencia y el ensañamiento del asesino contra ella y su cuerpo. Sin embargo, nunca se condenó a los culpables.
La mujer, conocida por sus allegados como “La Pelu”, tenía 34 años, dos hijos y era psicóloga. Nadie se imaginó su terrible destino. Fue el 2 de junio de 1996 cuando se reportó su desaparición de modo formal. En la investigación se estableció como hipótesis más fuerte que fue secuestrada a la salida del Sanatorio Almirante Brown, donde cuidaba a su mamá.
Tres días después su auto, un Renault 19, apareció sin ruedas y totalmente quemado en una huella cercana al dique de Ullum, que une ese departamento con Albardón. El incendio había sido intencional y entonces empezaron a temer por la suerte de la profesional.
El 6 de junio, el esposo de la psicóloga, el ingeniero Juan José Balmaceda, recibió una carta en la que supuestamente ‘su esposa’ le decía que lo abandonaba porque estaba embarazada de otro hombre. Sin embargo, más tarde, los peritos establecieron que la misiva la escribió su cuñado, Jorge Balmaceda.
El macabro hallazgo se produjo un mes y 20 días después, cuando tras un llamado anónimo, la Policía encontró pelos, restos de prendas y varios huesos con signos de haber sido escalpelados, quemados y hasta calcinados regados por una hondonada del cerro El Villicum, en Ullum, a la vera de ruta 40. Más tarde, un ADN reveló lo peor: eran restos de María Rosa.
Con las sospechas ya instaladas sobre el cuñado de la psicóloga, la familia Pacheco y Balmaceda realizaron la primera marcha del silencio. Unas 1.500 personas asistieron a la manifestación que se desarrolló por calles céntricas en reclamo de justicia. De hecho, la movilización fue tal que el 30 de agosto llegó a San Juan la monja Marta Pelloni, emblema de la lucha en Catamarca por el caso María Soledad, para dar su apoyo a los familiares de la víctima y a la inocencia de Jorge Balmaceda.
Sin embargo, después, todo se complicó aún más. Juan José Balmaceda, el esposo de la psicóloga, fue detenido en la madrugada del 31 de agosto de 1996, en su casa de Rivadavia. La detención potenció el reclamo contra la investigación policial y judicial, ya con el apoyo y las denuncias de corrupción realizadas por Pelloni.
Finalmente, el 8 de junio de 1999, los hermanos Balmaceda comenzaron a ser juzgados por el crimen: al marido le atribuían la instigación al crimen y al cuñado, haber sido quien ejecutó el aberrante asesinato. En el primer día, el ingeniero se defendió y habló de su inocencia durante 7 horas.
Veinte días después, los hermanos fueron liberados. La Corte de Justicia falló que estuvieron ‘ilegítimamente’ presos 9 meses y 28 días porque el tribunal que los juzgaba prorrogó fuera de término su prisión preventiva. Después, ambos resultaron absueltos tras un fallo dividido. Un juez los absolvió lisa y llanamente; otro votó por condenarlos y el restante les otorgó el beneficio de la duda. La fiscalía había pedido prisión perpetua para ambos.
