No hubo escapatoria ni explicación posible cuando la humilde mujer volvió de su trabajo y se topó con una escena doblemente dañina en su casa: su propia hija de 12 años manteniendo sexo con quien había sido su pareja, un joven de 24 años.
Después de las reprimendas de rigor hacia la jovencita y una violenta descarga verbal contra el joven, la mujer partió a la Seccional 7ma de Pocito a poner la denuncia. Y entonces el juez de turno, Maximiliano Blejman, comisionó a uno de sus colaboradores para allanar la precaria casa en busca de toda la evidencia necesaria para esclarecer el caso.
Como esas evidencias resultaron coherentes con la denuncia de la mujer, se confirmó la detención del sospechoso a pesar de que el joven argumentó que no había violado a la niña ya que ella había consentido todo, dijeron fuentes ligadas a la investigación.
Informalmente trascendió que la propia jovencita habría confirmado la versión del sospechoso, de que ella había accedido a mantener sexo con él. Es más ayer trascendió que esa relación pudo haber comenzado cuando el sujeto era pareja de la madre de la niña.
Ahora esperarán los resultados de la entrevista de la chica con el sistema de la Cámara Gesell, para conocer si presenta o no los daños psíquicos de un abuso.
De todos modos, los pesquisas están convencidos de que existió el delito de abuso sexual, más allá de que la chica consintiera todo.
Es así -dijeron- pues se entiende que la jovencita, al tener menos de 13 años, es considerada por ley una persona incapaz a nivel de su madurez psicosexual para decidir libremente sobre sus relaciones sexuales.
Esa hipótesis pone al sospechoso, identificado sólo por su apellido, Carrizo, en un grave aprieto legal pues las penas para un delito de abuso con acceso carnal contra una menor de 13 años, oscilan entre los 6 y 15 años de cárcel.
La situación es comprometedora para ese sujeto, porque ese monto en las penas no permite la excarcelación.
