El juez de Instrucción Guillermo Adárvez procesó con prisión preventiva a un jornalero de Angaco, de 58 años, que durante tres años golpeó y sometió a graves ultrajes sexuales a su hijastra desde que tenía 11 años y hasta que tuvo 14, cuando le contó todo a su hermana, porque su mamá nunca le creyó o simuló no hacerlo, dijeron fuentes judiciales.

‘En el área de su afectividad, la menor evidencia predominio de emociones de tinte depresivo, tristeza, soledad y dolor, principalmente por la falta de apoyo materno (…) se advierten indicadores de traumatismo sexual y de daño psíquico significativo, fruto de la conducta desplegada por el imputado al someterla y doblegarla, incluso quitándole posibilidades de hacerse de mejores medios para resistir los ataques sexuales, pues no quería que asistiera a la escuela a sabiendas de que allí le ayudarían a exponer su situación’, afirma el juez en su resolución.

El caso fue denunciado el 27 de enero por una hermana de la menor. Entonces expuso lo que le había dicho la niña sobre el último ataque, ocurrido el 22 de enero en la madrugada. Aquella vez, la madre de la chica la obligó a que se fuera en auto con su padrastro (ella no quería ir) a visitar a una hermana del hombre.

El sujeto la dejó en casa de esa mujer, se fue a beber y, en la noche, la llevó a un cumpleaños pero la niña no bajó del auto. El problema surgió al volver, alrededor de las 5,30, cuando paró en una construcción abandonada e intentó violarla, por enésima vez. Los gritos alertaron a unos vecinos, sobrinos del sospechoso que avisaron a la Policía antes de salir a ver qué pasaba.

Ante esos jóvenes, el obrero les dijo que se le detuvo el auto y la niña no le ayudaba a empujarlo, pero a uno de los muchachos la explicación no le bastó.

En Cámara Gesell, la niña relató cómo fue su calvario. Así, señaló que el hombre la besó en la boca a poco de irse a vivir a su casa. Le prohibió ir a la escuela e intentó someterla cada vez que tuvo oportunidad, pero no lo consiguió porque ella siempre se resistió a pesar de ser golpeada. Y siempre que le dijo a su mamá no le creyó.
Para los psicólogos su relato fue creíble, y por eso su padrastro sigue preso.