Confesión. El acusado, hoy de 37 años, aceptó su autoría y por consejo de su abogada María Noriega, acordó ser condenado en un juicio abreviado.

En su casa era la ley, una violenta autoridad. Nadie se atrevía a contradecirlo porque los insultos, las amenazas y los ataques físicos eran el riesgo que se corría. Con ese método sometía la voluntad de su esposa y, lo más grave, la de sus propias hijas a dos de las cuales ultrajó con abusos sexuales y repetidas violaciones durante 10 años. Tan extremos fueron esos vejámenes, que una de las niñas refirió haber sido violada por primera vez cuando tenía 6 años; su hermana dijo que a ella la manoseó a los 9 y que empezó a violarla cuando tuvo 10. El caso salió a la luz por una tercera hermana, una niña que tenía 14 años cuando empezó a cortarse los brazos, porque no soportaba que su propio padre la manoseara y ya buscara violarla. De hecho, sus hermanas la salvaron sin querer de ese ataque, cuando la niña era tomada del cuello y obligada a quitarse la ropa cuando el sujeto escuchó que llegaban y desistió.

Después de los ultrajes y los manoseos, se hacía de cuenta que no había pasado nada. Su reprochable actitud tenía una explicación: la psicóloga que lo entrevistó lo describió como un sujeto sádico, es decir alguien que goza con el daño que provoca en el otro. Alguien con graves desajustes en su sexualidad y su personalidad, pues durante toda la entrevista negó su autoría, buscó a culpar a su esposa y también a sus propias hijas por acusarlo, tratándolas en forma despectiva, según el expediente.

Entre las hermanas sabían lo que sufrían, pero callaban por miedo. De todos modos buscaron protegerse, intentar un escape. Y esa salida llegó de golpe, con amargo desahogo en llantos con una tía que las visitaba en su casa el 17 de febrero de 2018. Ese mismo día, la madre de las jóvenes se enteró de la terrible situación y denunció.

Al otro día, ese sujeto (hoy de 37 años) quedó preso. Y ahora, en un juicio abreviado que firmó con su defensora María Noriega y la fiscal Leticia Ferrón de Rago, acepta 12 años de cárcel. El juez José Atenágoras Vega decide.


El juez no podrá aplicar una pena mayor si acepta el acuerdo