Juan Emanuel Castro, oriundo de San Juan, logró timar a varios conserjes con su labia, pero su habilidad con la oratoria no tuvo el mismo efecto en los funcionarios judiciales a los que debió enfrentar mientras estuvo detenido. El juez Jorge Sabaini Zapata lo procesó con prisión preventiva por estafas y hurtos reiterados a nueve hoteles de San Luis, donde se registraba con un nombre falso para luego huir con cuanta cosa podía cargar de las habitaciones.

 


A Castro, de 32 años, lo detuvieron el viernes 3 de marzo a la siesta, en el hall del hotel Mitre, de la capital. Hasta ese momento, los efectivos de la Comisaría 1ª habían acumulado seis denuncias de propietarios de alojamientos de San Luis y tenían una descripción del sospechoso y de su modo de operar. Por eso, el plan para atraparlo fue sencillo: pesquisas del área de Inteligencia Criminal recorrieron los hoteles a los que aún no había ido, hasta dar con él.

 

Ese día el sospechoso quedó demorado por averiguación de antecedentes, pero las pruebas en su contra eran contundentes y el juez Penal 1, el primero en tomar la causa, ordenó que quedara detenido bajo la acusación de estafas y hurtos en seis hechos. Puntualmente, cuatro de los conserjes con quienes había hablado reconocieron la ropa que le secuestraron y las características físicas de Castro coincidían con los retratos hablados que confeccionó el personal del Departamento Informaciones. Además, el propietario de uno de los alojamientos le aportó a la Policía filmaciones de seguridad donde se veía a Castro entrando al hotel.

 

 

En el transcurso de la investigación se sumaron otros tres casos ocurridos en jurisdicción de las comisarías 2ª y 7ª, de la capital, y 34ª de Juana Koslay. Como dos de esas denuncias fueron radicadas en el juzgado Penal 2, el juez Sebastián Cadelago Fillipi se declaró incompetente y dejó la causa en manos de Sabaini Zapata.

 

El sospechoso acudió a audiencia indagatoria el lunes 6 de marzo, acompañado por el defensor oficial Carlos Salazar, pero se abstuvo de declarar y la defensa solicitó ocho días de prórroga para buscar pruebas que lo favorecieran, entre ellas una pericia psiquiátrica para Castro.En su informe, el médico psiquiatra Franco Mastronardi determinó que el imputado no sólo comprendió la dirección de sus acciones, sino que tiende a poner en práctica conductas de manipulación y funciones empáticas como complemento de su discurso.


Y evidentemente esos atributos le funcionan, porque logró convencer a empleados y propietarios del Gran Hotel San Luis, del Hotel Belgrano, Hotel Plaza, Hotel Aiello, Regidor, Huarpes, Del Camino, 2 Venados y Sierras Hotel, de que era empleado de la Superintendencia de Salud de la Nación y que hacía gestiones para superiores que pronto llegarían a San Luis.

 

Pedía dos habitaciones, se instalaba y hasta en algunas ocasiones durmió y desayunó en los alojamientos antes de huir aprovechando la ausencia o descuido del personal que estuviera en la entrada. Así se hizo de 8 televisores LED, secadores de pelo, cubrecamas, fundas de almohada, jaboneras y controles remotos, que hasta el momento la Policía no recuperó. La posibilidad de que Castro tenga cómplices no identificados, de que pueda entorpecer lo que resta de la investigación o que pueda huir a San Juan, donde tiene domicilio, llevaron al juez a procesarlo con prisión preventiva el miércoles a primera hora.