Eran las 9 de la mañana de ayer cuando Juan Pedro Molina (46) se paró frente a la cocina e intentó preparar el desayuno para su mujer Claudia Olmedo (34) y su hija Lucía (11) en la precaria vivienda que habitan desde hace 7 años a un costado de la ruta 183, en La Majadita, 9 de Julio. Pero justo se le había acabado el gas a la garrafa de la cocina y fue a comprar otra. Regresó, instaló la nueva y para no dejar dudas, prendió un encendedor cerca del regulador de la garrafa pero fue un error gravísimo: el botellón de gas tenía un pérdida y la explosión armó un desastre, porque la casa hecha de palos y cañas comenzó a arder de inmediato sin dejar ninguna chance de salvar algún objeto. Muebles, electrodomésticos y la ropa de la familia fueron destruidos, dijo ayer Molina.
"Fue todo en un segundo, puse el encendedor en el regulador y el fogonazo me alcanzó la cara. Me tiré hacia atrás y salí corriendo. Ahí nomás empezó a arder todo y con mi mujer arrojábamos agua y tierra desde afuera pero fue inútil", recordó conmovido Juan Molina al ver los restos de su vivienda destruida. Y no era para menos, porque el hombre es jornalero y con lo poco que gana diariamente mantiene a su mujer e hija y la mayoría de las cosas que tenían fueron el fruto de muchos años de esfuerzo, precisó el hombre.
"No nos quedó nada. Solo nos quedamos con lo puesto… hoy (por ayer) vamos a poder comer porque me invitaron los vecinos sino no sé", comentó Molina.

