La rama de los negocios inmobiliarios. Esa explicación le dio César Esteban Vignoli (50) al fiscal Gustavo Manini, cuando le preguntó qué rubro explotaba al decir que era comerciante. En lo demás, el acusado declaró tener estudios terciarios incompletos y, para no faltar a su costumbre de falsear hechos, solo admitió haber recibido una condena. La realidad en cambio, demuestra otra cosa: en últimos años registra cuatro castigos por estafas, tiene dos causas pendientes por otros dos engaños más (por uno de ellos cayó preso el mes pasado). Y ayer los principales testigos lo complicaron en el inicio de otro juicio que, eventualmente, le acarrearía el quinto castigo por embaucador.

En la primera audiencia que se realizó en la Sala I de la Cámara Penal, se leyeron los hechos que le atribuyen al conocido estafador y también las versiones que dio en la investigación para intentar desligarse, ya que ayer se negó a declarar ante la juez Silvia Peña Sansó De Ruiz.

Esos episodios fueron dos. El primero ocurrió el 22 de diciembre de 2007, cuando llegó a la firma Ruiz Olalde y adquirió un martillo rompepavimento con su respectivo cincel, en $7.040 que pagó con un cheque robado. El mismo día, vendió el aparato al empresario Luis Alberto Riveros en $3.900 pesos.

Ayer, un encargado de la firma, Pedro Ruiz Olalde, declaró que luego de la compra fue imposible hallar a Vignoli pues les daba direcciones falsas. Y Riveros aseguró que ante él, el acusado se presentó como alguien que representaba a una firma que vendía herramientas.

Ambos testigos aseguraron en el debate haber salido perjudicados con las maniobras, pues uno recuperó su herramienta pero ya usada y, por lo tanto, a mucho menor valor. El otro perdió su dinero.

También perdió dinero (unos $27.000) Emiliano Mass. A través de un intermediario conoció a Vignoli en marzo de 2009.

El acusado se presentó como importador de vehículos y como alguien con estrechos contactos en la minera Barrick, donde Mass podría alquilar las dos Toyota Hilux que él le vendería. En esa operación, el hombre perdió dos plazos fijos y un cheque, y nunca consiguió las camionetas.