Tipo hormiga. Los ladrones sacaron una a una las 340 bolsas por esa boca de pileta de la antigua bodega que señala Oscar Martín. Está convencido que son los mismos ladrones en ambos saqueos. Pondrá cámaras.

Delincuentes sumergieron ayer en un nuevo dolor de cabeza a Oscar Alberto Martín (70), un jubilado caucetero que en dos saqueos de pasas que sufrió en su finca en poco más de un mes, ya perdió más de 1.000.000 de pesos. En una noche lluviosa de fines de abril pasado fue el primer golpe. Pese a que tiene dos caseros, el propio Martín cuidaba lo suyo, armado en su auto cerca del ingreso a la finca ubicada en Caseros y Patricias Sanjuaninas, Caucete. Pero cuando empezaron a caer las primeras gotas, a eso de las 3, se fue y al rato le cayeron los ladrones, que se alzaron con 4.000 kilos de pasas.

El ataque de ayer fue más grave, pues se llevaron 10.200 kilos que ya estaban vendidos (restaba entregarlos), cada uno valuado en $75. Es decir, en total entre los dos robos perdió $1.065.000.

"Te da mucha bronca, te sube el rubor. Mi hijo (36, trabaja con él) está todo brotado de la indignación", disparó ayer, también enardecido.

Desde el punto de vista de los delincuentes, todo indica que el de ayer fue un largo y arduo trabajo, pues tuvieron que trasladar unos 50 metros las 340 bolsas de 30 kilos cada una.

Las bolsas estaban guardadas en uno de los piletones de una bodega en desuso, ahora un viejo galpón que tiene un acceso en el frente y otro en la parte posterior que sólo abre desde adentro. Para ingresar, forzaron el candado del portón del frente, arriesgándose porque desde la casa del casero ese sector se ve. Lo tuvieron que hacer para poder sacar el botín por la parte trasera.

Martín supone que los ladrones fueron más de 5, y que por lo menos estuvieron dos horas y media para apoderarse de sus pasas. ¿Cómo fue el paso a paso? La víctima cree que uno se metió al piletón y fue sacando, una a una, las 340 bolsas por la boca del piletón (un pequeño espacio donde sólo entra una persona delgada). Otros sujetos se encargaron de trasladarlas unos 50 metros, tal vez al hombro y con una carretilla (quedaron las huellas), hasta unos matorrales, donde aparentemente las ocultaron. Según Martín, cuando sacaron una buena cantidad (o se cansaron o tuvieron miedo de ser atrapados), llamaron a un camionero, cargaron todo y huyeron.