Una violenta secuencia ocurrida en el barrio Los Olivos, en Santa Lucía, terminó con dos hombres detenidos e imputados por una serie de graves delitos, luego de que una pareja fuera atacada por una patota armada que buscaba recuperar un televisor que, según sostenían los agresores, había sido robado días antes.
Violento ataque en Santa Lucía: una patota armada secuestró a un joven para exigirle un televisor robado
Una pareja fue interceptada por entre siete y ocho personas que acusaban al joven de haber robado un televisor. Lo golpearon, lo obligaron a ingresar a su casa bajo amenazas de muerte y también agredieron y asaltaron a la mujer que lo acompañaba.
El episodio ocurrió el lunes 29 de junio, cerca de las 17:56, cuando un joven y su pareja descendieron de un vehículo de la aplicación Uber en una esquina ubicada a media cuadra del complejo de departamentos donde viven. Mientras caminaban hacia su domicilio, fueron interceptados por un grupo integrado por entre siete y ocho personas, entre hombres y mujeres. Según la investigación, los agresores comenzaron a increpar principalmente al joven, a quien acusaban de haber sustraído durante el fin de semana un televisor perteneciente a una mujer conocida del grupo. En medio de los reclamos, dos hombres avanzaron hacia él exhibiendo armas de fuego: uno portaba una pistola y el otro un revólver.
Al mismo tiempo, tres o cuatro mujeres rodearon a la joven y comenzaron a agredirla físicamente. La golpearon, le revisaron los bolsillos, le tiraron violentamente del cabello hasta arrancarle mechones y le provocaron un hematoma en la cabeza. Finalmente lograron escapar del lugar, aunque más tarde descubriría que durante el ataque le habían robado su teléfono celular. Mientras tanto, el joven fue reducido por los dos hombres armados, quienes lo sujetaron del cuello y, bajo amenazas de muerte, lo obligaron a caminar hasta su vivienda. Durante el recorrido recibió reiterados golpes en la cabeza con las culatas de las armas, lo que le provocó heridas sangrantes.
Al llegar al domicilio, los agresores advirtieron que la vivienda ya presentaba signos de haber sido violentada: dos barrotes de una ventana habían sido retirados y uno de los vidrios estaba desprendido hacia el interior de la cocina. Convencidos de que allí se encontraba el televisor que buscaban, le ordenaron ingresar a la casa para mostrárselo.
Como las llaves estaban en poder de la joven que había logrado escapar, los atacantes realizaron disparos al aire —que fueron escuchados por las víctimas y por vecinos de la zona— y obligaron al muchacho a ingresar por la ventana. Siempre bajo amenazas de muerte, el joven encendió la luz de la cocina y acercó el televisor hasta la abertura para que pudieran verlo.
Sin embargo, al comprobar que el aparato no era el que buscaban, desistieron de continuar con el ataque dentro de la vivienda. Antes de retirarse le advirtieron: "Devolvenos el televisor o te vamos a matar", y permanecieron algunos minutos en las inmediaciones del complejo habitacional.
Luego de escapar, la joven consiguió un teléfono prestado y llamó al 911 para pedir ayuda. Fue entonces cuando también advirtió que le faltaba su celular, que había sido sustraído durante la golpiza. Efectivos de la Comisaría 29ª llegaron rápidamente al lugar. Al advertir la presencia policial, los agresores huyeron y dos de ellos ingresaron por la fuerza al último dúplex del complejo. La vivienda tenía la puerta sin cerradura y los sospechosos simplemente la empujaron para ingresar.
Dentro de la casa se encontraba una mujer, quien no opuso resistencia por temor. Los dos hombres subieron inmediatamente a una pequeña habitación ubicada en la planta alta para ocultarse. Con la información aportada por las víctimas, los policías solicitaron autorización a la propietaria para ingresar al domicilio. Una vez dentro, la mujer indicó dónde se escondían los sospechosos y ambos fueron encontrados en la planta alta.
Durante la requisa, los efectivos secuestraron dos cargadores de pistola calibre 9 milímetros con municiones, varias vainas servidas, cartuchos de distintos calibres —entre ellos .22—, una faca de aproximadamente 37 centímetros de largo, prendas de vestir con manchas de sangre y un teléfono celular con funda rosada que fue reconocido por la víctima como el aparato que le habían robado minutos antes.
También encontraron una campera y un par de zapatillas con manchas hemáticas ocultas debajo de una cama, elementos que, según la investigación, uno de los sospechosos habría escondido para modificar su apariencia y dificultar su identificación. Las armas de fuego utilizadas durante el ataque, en cambio, no pudieron ser halladas.
Los detenidos fueron identificados como Nicolás Molina, de 22 años, y Alberto Emanuel Castro, de 40, quienes quedaron imputados como coautores, junto a otras personas aún no identificadas.
La causa fue caratulada como privación ilegítima de la libertad coactiva consumada, en concurso real con portación ilegítima de arma de fuego, violación de domicilio y robo, delitos por los que ambos permanecen detenidos mientras continúa la investigación para identificar al resto de los integrantes de la patota que protagonizó el violento ataque.