El senador nacional por el radicalismo, el mendocino Ernesto Sanz, dijo que el kircherismo está en crisis y analizó que el oficialismo nacional es una “máquina de fomentar resentimientos”. El dirigente estuvo ayer en San Juan para mantener contactos con la dirigencia local de la fuerza, que preside Hugo Domínguez. Y anoche dio una conferencia sobre la realidad política nacional en un hotel céntrico.
-¿Por qué sostiene que se termina el modelo kirchnerista?
-Para mí el kirchnerismo es un típico ejemplo de un populismo autoritario que, como todos los populismos en el mundo, la historia enseña que tienen un problema central que los agota como modelo, que es la sucesión. Por eso hoy el único plan es la reelección de la Presidenta y por eso aunque lo nieguen y lo escondan sigue siendo el único plan. Por eso estoy convencido de que la sociedad el año que viene le va a poner un límite. En ese sentido ha sido un dato muy importante que 28 senadores nacionales y más de 100 diputados hayamos firmado un compromiso que establece que sólo habrá reelección si la sociedad lo quiere el año que viene. En ese esquema me parece que el proyecto reeleccionario está sepultado.
-¿Cómo interpreta la expresión de la protesta popular del llamado 8N?
-Fue muy bueno que la gente se expresara por el hastío respecto a algunas cosas, por ejemplo a un estilo y a un modelo de gestión. Es porque la gente está harta de la confrontación porque los argentinos quieren vivir en una sociedad más calma y tranquila y menos irritativa y confrontativa. También hay cansancio de que la gestión no resuelva algunas cuestiones que hoy arrasan en todo el país, como son la inseguridad, la inflación y la corrupción. La gente se cansa de que algunos personajes anden por la calle lo más panchos y con un montón de denuncias penales en el lomo.
-¿Qué sectores son los que capitalizan esas críticas?
-Por ahora nadie. Un acto de humildad es darse cuenta de que nadie puede capitalizarlo y que hay un especie vacante, que nadie puede ocupar de prepo o por encima de otros. Por eso hay que distinguir dos espacios, el de los acuerdos democráticos y el de los acuerdos electorales. Un ejemplo de acuerdo democrático es el de los senadores y diputados. Y los acuerdos electorales tienen que ver con tratar de no atomizar a la oposición en muchas fracciones que al final de la cuenta no son competitivas y no le dan a la sociedad la alternativa fuerte y potente que necesita. Por eso me parece que hay que hacer los esfuerzos para que los que pensemos de la misma manera seamos capaces de construir esa alternativa.
-¿Cuál es el límite de un eventual acuerdo?
-No soy amigo de los límites. Hay que ver cómo viene el 2015 porque de profundizarse un esquema de hegemonía en el oficialismo creo que deberemos pensar en un escenario en el que podremos dirimir candidaturas en primarias abiertas varios sectores de la oposición.
-¿Cómo se arma una propuesta competitiva y coherente?
-La sociedad ha dado muestras en los últimos tiempos, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires, con el acuerdo entre Alfonsín y De Narváez, de que no le gustan las mezclas que no sean coherentes. Y por eso si me preguntan con quién tenemos coherencia yo digo que con el FAP de Hermes Binner, lo que no quita que en las provincias la cosa sea distinta porque hay que realidades que atender.
-¿Qué opina del último documento de la Iglesia?
-La Iglesia ha puesto el dedo en la llaga al hablar de un quiebre social. Por eso pone especial énfasis en reconciliar a la sociedad y no ponerle alicientes para que haya más enfrentamientos ni rencores. El kircherismo ha sido una máquina de fomentar resentimientos, fracturas y divisiones en la sociedad y habrá que revertirlo porque así una sociedad no se puede conducir a un modelo de desarrollo, de paz y tranquilidad. Esa intolerancia se impulsa desde el atril presidencial.
-¿Cómo se prepara el radicalismo para las legislativas del año que viene?
-Nos vemos cerca de una muy buena elección, como la del 2009.

