El largometraje brasileño "Ciudad de Dios" cuenta la historia de un chico y su barrio: una de las favelas más violentas de Río de Janeiro. Llamativamente, la película arranca con una escena que para los sanjuaninos podría resultar familiar. Las primeras escenas muestran el nacimiento del barrio donde se desarrollará la mayor parte del guión. Las imágenes remiten a un operativo muy parecido al que aquí llamaron "erradicación de villas". Familias enteras que obtuvieron su vivienda digna con ayuda oficial y que vislumbraron un destino diferente a partir de las paredes de ladrillos, aunque el devenir de las cosas disolviera más tarde buena parte del plan colectivo.

Tal vez las semejanzas hayan alentado a "Martha" -así se identificó una oyente de radio- a ir más allá con el parangón. Por mensaje de texto reclamó la intervención de Gendarmería con armas largas en el Barrio San Francisco, en Chimbas.

Mencionó el ejemplo brasileño de Lula, con las tanquetas entrando a balazo limpio en las favelas. El mismo presidente que sacó de la pobreza a más gente que nunca antes, aprobó la militarización en zona civil. El motivo era combatir al narcotráfico, algo que felizmente en San Juan no ha adquirido una dimensión comparable al caso aludido, de ninguna manera.

Sin embargo, fue la solución extrema que pidió "Martha" ante los hechos de violencia conocidos públicamente el miércoles pasado, cuando Pablo González, un adolescente del lugar, murió electrocutado en el interior de una casa que no era la suya. 48 horas después esa misma vivienda rural continuaba convertida en campo de batalla con bombas incendiarias, gases lacrimógenos y balas de goma.

En los barrios de villas erradicadas hubo contención social. Hay mujeres esmeradas en que sus hijos no repitan la historia de sus padres. Chicos incluidos en programas deportivos y culturales. Pero obviamente los esfuerzos no alcanzan. Y el proyecto -indiscutiblemente noble- tiene luz amarilla.

Sólo resta decir que en "Ciudad de Dios" no todos tienen final feliz. Algunos mueren bajo la ley de la calle, donde gana el que tiene el arma más grande, y la única salida es huir. Que no nos pase lo mismo.