Dicen que pasado cierto tiempo es bueno hacer balances. Parar la pelota del día a día y mirar hacia atrás para analizar con mayor tranquilidad lo hecho. Casi todas las personas lo hacen al finalizar cada año, pero los analistas políticos, vaya uno a saber por qué, dicen que en el caso de la gestión pública hay que hacer ese ejercicio a los cien días y pasados los primeros seis meses. En el caso del nuevo gobierno sanjuanino, tras haberse cumplido el viernes pasado la primera mitad de año en la gestión, saltan claroscuros notables: sin lugar a dudas el mayor acierto se dio al no haberse dejado llevar por la correntada belicosa del peronismo, esa que, dolida por la derrota electoral y por la resistencia al obvio cambio de época que se imponía y que terminó imponiéndose, pedía a gritos pelearse con el Gobierno nacional, lo que a la provincia le hubiera provocado desastres notables. Y la segunda acción positiva que salta en este repaso, se puede decir, es el haber logrado llegar a la conducción del peronismo sanjuanino sin huracanes, principalmente en los departamentos. Algo que desde afuera podría parecer obvio, pero que en las entrañas del PJ, se sabe que pudo haber costado grandes peleas. Esas dos situaciones podrían colocarse en lo más alto del haber, aunque también el debe viene cargado: no haber podido aún alinear a los legisladores por San Juan, diputados y senadores, en pos de ofrecerlos como moneda de cambio ante un Gobierno nacional que clama por apoyo legislativo, parece el principal problema para Sergio Uñac. Y lo otro, en el día a día, el indigerible conflicto surgido gracias a dos o tres impresentables miembros de la Policía de la provincia, que si bien no impactó en el resultado final de la lucha contra el delito, destapó un desmanejo político que a muchos alarmó. Sin ánimo de exaltar, parecería que en el resultado final de esa suma y resta la gente sigue apoyando de manera tajante al pocitano, algo impensado para aquellos ortodoxos peronistas que apostaron a que nadie iba siquiera a acercarse a lo hecho por José Luis Gioja en 12 años de gobierno, pensamiento errado hasta el momento. Ni doble comando, como promovían el año pasado, ni tampoco el abismo.

El haber

No hay que olvidar que la provincia sufrió el año pasado un cambio político muy pocas veces visto en la historia; de hecho la última vez que un dirigente sanjuanino de un signo político logró ser gobernador de San Juan a la vez que un dirigente nacional de otro color político se convirtió en presidente, ocurrió allá por 1923 cuando el radicalista Marcelo T. de Alvear se impuso en la Nación y el líder de la Unión Cívica Radical Bloquista, Federico Cantoni, lo hizo en la provincia. Tras ganar la elección del año pasado, Uñac tenía un casi inédito escenario que le ofrecía dos claros caminos: forjar la relación con la Nación desde lo institucional, o escuchar a los viejos ortodoxos lobos del peronismo de tierras adentro quienes olfateaban (y aún lo hacen) sangre fresca y le pedían pelea. Uñac prefirió la política, el juego de necesidades mutuas, el dejar gobernar, y no se equivocó: San Juan sigue a buen ritmo con la obra pública y no tiene mayores sobresaltos económicos, los empleados siguen cobrando el primer día de cada mes y las obligaciones con los proveedores se van cumpliendo.

Esos mismos lobos son los que quisieron imponer nombres propios en la elección interna del PJ. Y otra vez ganó la política. No se puede decir que Uñac hizo lo que quiso, porque tuvo que ‘tragarse sapos’, pero logró su objetivo final, que fue llegar a presidir el peronismo sin mayores sobresaltos. Más o menos lo mismo ocurrió en dos lugares clave: la Liga Sanjuanina de Fútbol y la UNSJ. En Buenos Aires pedían a gritos cambios en el fútbol sanjuanino y usaron los partidos de la Selección argentina como moneda de cambio. Con ruidos, porque en este caso no todo pasó en paz, al final se logró el objetivo: hubo renovación. El caso de la Universidad fue más sencillo, parece: al mandatario le ‘ofrecieron’ la fórmula Ricardo Coca-Daniel Campos, pero se definió por Oscar Nasisi-Mónica Coca. La primera, con un exfuncionario giojista, no hay que olvidar. La última semana de la elección Uñac se sacó dos fotos con el reelecto rector, ambas en cuestiones institucionales, claro, pero en actos que pudieron haberse hecho en otro momento, aunque se hicieron en esa semana. A buen entendedor, pocas palabras.

Si le preguntan al Gobernador respecto del mayor logro de estos seis meses, seguro pondría en primero o segundo lugar el haber conseguido que el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, visitara la provincia. Tal vez el ciudadano de a pie no logró entender los alcances de esa gestión, pero fue como colocarle la frutilla a la torta, algo así como el broche final que asegura el éxito de la tarea encarada; en este caso, conseguir que un organismo tan importante como el BID, financiara el túnel a Chile. Después de eso, no hay marcha atrás. Moreno no arriesgaría semejante movimiento si no estuviera convencido de lo que hace, no funciona por la fórmula ‘ensayo-error’, para nada.

El debe

Uñac no puede controlar a los legisladores por San Juan, está claro. ¿Qué pierde? Una herramienta importante con la Nación, a pesar de que en Casa de Gobierno insisten en decir que hasta el momento nadie les ha canjeado votos, lo que resulta casi increíble. Por eso será clave cómo el uñaquismo encarará la interna para elegir los candidatos del año que viene. Necesita también allí un cambio de época, habrá que ver si se anima a hacerlo. Un buen síntoma para medir lo que va a pasar será, seguramente, el nombre propio que el mandatario escoja para cubrir la única vacante generada hasta ahora en la Corte de Justicia sanjuanina. Como ya se ha contado en estas líneas, insisten en el giojismo en impulsar a Daniel Tomas, pero ese nombre no cierra en Paula y Libertador, aseguran. Ese reemplazo será también un mensaje a la interna y se sabrá en muy poco tiempo. Nadie en el entorno de Uñac quiere a Tomas, y cada vez menos a Gioja, pero eso es harina de otro costal.

El otro drama que enfrentó y, a juicio de este periodista, no resolvió demasiado bien el Gobierno, fue la interna de la Policía de San Juan. Los errores cometidos en las designaciones policiales asustaron. ¿Asustaron? Sí, alguien que conoce la interna policial y judicial de la provincia, asegura que a las nuevas autoridades les hicieron caer en un error, que pecaron de respetuosos de las instituciones y que confiaron en dos o tres personajes en quienes nadie más confiaría. ¿De quién fue el error? Evidentemente de quienes conducen políticamente los destinos de la fuerza. No es un lugar para principiantes, y lo único que se espera es que no caigan en los mismos errores nuevamente. Desde lo institucional, perfecto, desde lo político, un aplazado con rojo. Nadie chequeó antes de dar el paso, y fueron campo fértil para los que quieren que les vaya mal. Igual, una encuesta que anda dando vueltas en despachos oficiales, indica que el 73 por ciento de la gente opinó que el Gobierno actuó rápido y de manera eficaz en el conflicto policial. La Policía no es un lugar para cualquiera.

En definitiva, por ahora hay motivos para que en Casa de Gobierno festejen, porque se ve que Uñac conserva lo único que no se enseña para gobernar, que es el sentido común, la intuición, el saber a dónde apuntar, con quién hablar y en qué momento, a pesar de la apuesta de varios ‘compañeros’.