Generalmente la burocracia molesta. Demora. Hasta mortifica. Pero hay casos en que llega a doler. El lector tendrá su ejemplo propio. Y seguramente lo adaptará fácilmente a los verbos enunciados arriba. Como los treinta y pico alumnos de la escuela nocturna "CENS San Martín", del departamento homónimo.
Como todos, comenzaron el cursado 2009 los primeros días de marzo, pero sólo ellos llegan al acto del 25 de mayo sin aula. Han tomado clases, sin embargo. Pero insólitamente, lo han hecho en una galería del edificio escolar que supuestamente los contiene. O que debiera contenerlos.
Burocracia que duele. Porque el asunto, según dicen los que saben, está desfilando de cajón en cajón en alguna oficina del Ministerio de Educación. Y seguramente habrá argumentos administrativos que justifiquen la demora de algo tan lógico como que un grupo de adultos que quiere terminar la escuela secundaria pueda hacerlo dentro de un aula, con pizarrón y esas menudencias recomendadas por los pedagogos.
Mientras tanto, cada noche, de 19.30 a 23.00 los alumnos vuelven a juntar sillas en uno de los corredores del edificio. No cortan calles. No queman gomas. Pasan frío, pero no queman gomas. Y llevan su queja a los medios de comunicación en búsqueda de que -como ha pasado en tantas otras ocasiones- al hacerse público el caso, alguien abra el cajón donde quedó el expediente, tome la lapicera y ponga el sello. Tal vez entonces sí, consumada la burocracia, los alumnos tengan el salón de clases.
