No sintió pudor al mostrarse aterrado. Sin reparos, se manifestó. La sola idea de que sus nenas, de menos de 10 años de edad, pudiesen ver el video del que todos hablan le generaba pánico. Por eso aplaudió la medida de expulsar a los alumnos supuestos protagonistas del film casero. Aún cuando reconoció que esa salida drástica, en realidad, no protegía a sus hijas del mundo en el que les toca vivir.

Una sociedad en la que una mujer consigue éxito -entendido como una simple sumatoria de fama y fortuna- sólo por publicitar sus relaciones sexuales con algún artista/deportista/político de renombre, pierde el derecho de demonizar a sus adolescentes cuando claramente están siguiendo el camino trazado por los adultos.

Sin embargo, pasó esta semana. Buena parte de los papás que cuyos hijos asisten a la escuela del polémico video de sexo oral avaló la salida rápida de los adolescentes caídos en desgracia.

"Está claro que el problema sigue, pero había que tomar alguna decisión. Cuando yo iba a la secundaria y fumaba en el baño de la escuela sabía que si me agarraban me iban a poner amonestaciones", comparó el papá escudado en el anonimato. Por eso aprobó la medida sancionatoria del establecimiento educativo. Entendió que era una manera de apuntalar la formación de sus nenas: una falta de conducta grave equivale a una pena igualmente grave.

Pero en el fondo sabe que la escuela es sólo un lugar en el mundo. Un sitio en el que sólo se aprende una porción de todo lo que hay por conocer.

La parejita expulsada fue estigmatizada como si hubiese cometido un delito. Claramente quebró las reglas internas de la escuela, es verdad. Pero no se trató de un hecho extraordinario, teniendo en cuenta que el debut sexual en San Juan arranca a los 9 años en los casos más tempranos y alrededor de los 14 ó 15 en el promedio más generalizado. Son datos del Servicio de Adolescencia del Hospital Rawson.

Lo único que hicieron los pibes castigados, en este caso, fue ponerle cara a las estadísticas oficiales. Les tocó a ellos, prácticamente en nombre de una generación. Lo peor que puede ocurrir ahora es pretender que aquí no pasó nada. Y que el asunto se resolvió con las expulsiones. Habrá que hablar mucho todavía sobre estos temas, especialmente en las escuelas. Habrá que dejar de lado el pudor.