Los mensajes de Pascua suelen ser el termómetro de las preocupaciones pastorales de los obispos. Y esta vez no fueron la excepción. Cada uno a su modo transmitió el desvelo de la Iglesia por el clima de crispación generalizada, la difusión sin freno de la droga y el aumento de las situaciones de pobreza e injusticia social.
A pesar de tener un trasfondo esperanzador y alentar a los argentinos a una celebración pascual en unidad y en paz, los textos conllevan un insistente reclamo a la clase dirigente para que, con acciones y ejemplos, conduzcan al país a un renacer moral y espiritual.
Violencia, inseguridad, droga, miseria, hambre, enfermedad (dengue), injusticia, corrupción, falta de solidaridad, fueron temas recurrentes en los mensajes pascuales.
El cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires) demandó a todos los sectores sociales bajar el nivel de crispación e instó a seguir trabajando por una mejor seguridad, evitando referencias al gobierno de Cristina Fernández, con quien, aclaró, "no hay ningún alejamiento".
El presidente del Episcopado aprovechó un contacto con la prensa para revalorizar el sentido cristiano de la Pascua y, en un breve mensaje televisivo, también llamó a los católicos a "no dejarse robar la esperanza".
Pero sí resonó fuerte en despachos gubernamentales tanto nacionales como porteños, el alerta del primado sobre "espacios que, a veces, son tierra de nadie" en la ciudad y sobre el avance de la droga -en particular el paco- entre los jóvenes, a raíz de "intereses egoístas" y la injusticia social y económica. En cambio, para el arzobispo Héctor Aguer (La Plata) la situación de la Argentina "no está tan en orden" en esta Pascua, y dijo percibir un país "deshilachado, sin rumbo, sin destino. Pareciera que todo tiene que renovarse y sin embargo todo vuelve hacia atrás, hacia las peores pesadillas de nuestra historia", advirtió en su mensaje.
Por esto, el prelado platense apuntó en forma elíptica contra al matrimonio presidencial, que en su opinión pregona luchar a favor de una mayor equidad social, cuando en realidad ocurre lo contrario. "Se habla con mucha frecuencia de una mejor distribución de la riqueza, pero vemos que pasan los años y al mismo ritmo la riqueza pasa de manos. Ahora está en otras manos, pero son siempre pocas y siempre para frustración de los más pobres, de los pobres de siempre y de los nuevos pobres, que son muchos", disparó.
El vicepresidente segundo del Episcopado, José María Arancedo (Santa Fe) también puso en duda de que todos puedan tener una feliz Pascua, como consecuencia, evalúo, de "la falta de lazos de solidaridad" y de una sociedad que percibe "herida por el flagelo de la droga y la violencia". Asimismo, exigió a la dirigencia política que asuma la responsabilidad que le cabe ante "la grave situación de pobreza" que vive el país.
En tanto, el vicepresidente primero, Luis Villalba (Tucumán), exhortó a desterrar "los signos de muerte que nos rodean", al transmitir su preocupación por el consumo de droga y el aumento de la violencia y la inseguridad "con sus consecuencias de muerte de todo tipo".
Los obispos patagónicos, por su parte, enumeraron "los miedos" que paralizan a los habitantes de la región, inquiriendo por la sensación de exclusión, la carencia de vivienda digna, las adicciones, la caída del poder adquisitivo de los salarios, la violencia, la apropiación de los recursos naturales y la "falta de toma de conciencia o negación" en quienes deben tomar decisiones.
