Muchos años pasaron pero la anécdota es real e imperdible. Un grupo de amigos reunidos en una casa para festejar un cumpleaños. El litro de vino había llegado a valer un dólar y la industria se había transformado en una bicicleta financiera más que en un sistema productivo. Proliferaba una casta ya desaparecida, la de comisionistas de vinos, gente que compraba para terceros y se quedaba con un jugoso porcentaje. Uno de ellos, el dueño de casa.
Bebiendo unas copas, algunos empresarios incipientes, muy jóvenes con ansias de reemplazar a sus padres en negocios de los más diversos pero todos conocedores de la economía. Uno de ellos, con un gran toque de ironía preguntó a otro: ‘Che negro (así lo apodaban), ¿Viste que el ministro de economía viajó a Japón?‘ El consultado respondió ‘por supuesto‘ asombrado de que le preguntaran por algo que había salido en todos los diarios.
Insistió el amigo ‘¿Sabés a qué fue?‘ ‘Si, a pedir plata‘ ‘¿Cuánta?‘ ‘¿Si no leí mal creo que 500 millones de dólares‘ Ahí la dejó servida para la pregunta-respuesta final ‘Ahora, ¿me podrías explicar cómo el banco te ha prestado 50 a vos?‘ Fin de la historia y de la conversación que giró hacia otro destino. Como era de esperar aquél banco tan generoso prestamista no tardó en quebrar como tantas otras entidades financieras que se manejaron con criterios poco serios en esos años, pero el relato viene a cuento para que podamos medir por comparación el resultado de la reciente colocación de títulos de Argentina.
Está bien, han pasado muchos años, pero es verdad que en varias ocasiones estuvimos mendigando créditos por montos muy modestos como en aquél caso y tampoco podemos olvidar que todo el proceso de la convertibilidad que duró 10 años se inició con las reservas de oro en Fort Knox por un monto total de 1.250 millones de dólares. Contra esa garantía se imprimieron los primeros billetes de la era Cavallo, luego las reservas subieron y bajaron pero, para volver a poner las cosas en perspectiva, el FMI, en su momento, ayudó al gobierno de la Rúa con un blindaje de 10 mil millones.
Ahora Prat Gay vuelve con una oferta de casi 69 mil millones!, 4,5 veces más de lo que salió a pedir y una cifra que multiplica por más de dos veces el total de reservas declaradas del Central y casi por 10 veces las de libre disponibilidad que dejó Cristina. Nadie puede discutir que el ministro tiene razón cuando afirma que es la oferta más grande que recibió el país en toda su historia. En realidad lo es para la historia crediticia de cualquier país emergente. Es cierto, la tasa promedio de corte del 7% era muy atractiva siendo posiblemente una de las más altas del mercado en este momento pero tengamos en cuenta que la oferta venía de un país que apenas terminaba de salir del default de casi 15 años a los que también habría que sumar el largo pedaleo previo.
Queda claro que hay flotando un remanente disponible superabundante al que eventualmente podrán acudir los estados subnacionales, provincias y municipios, porque esa impresionante cifra es también la medida de la confianza generada en el exterior y es obvio que el Estado Nacional quedó en condiciones de, llegado el caso, poner espalda para garantía. No obstante, Argentina sigue pagando 3% más de la tasa media de hermanos americanos como Uruguay y Bolivia que estuvieron tomando créditos con intereses por debajo del 5%. Hasta antes de conocerse esta noticia, la secuencia -arreglo con los holdouts, regreso al mercado de capitales, reaparición del financiamiento grueso- era solo una hipótesis que había que confrontar con la realidad.
Uno imagina los momentos de ansiedad que habrán pasado los funcionarios del área económica y el propio presidente Macri porque ésta ha sido una forma de evaluar en los hechos el efecto de las acciones propias en los bolsillos ajenos. Es sabido que los bolsillos están siempre ávidos de encontrar oportunidades pero también que son muy desconfiados. Aquí, la combinación de tasa versus monto ofrecido da una ecuación equilibrada. La tasa alta refleja un recelo que persiste pero el monto ofrecido es realmente asombroso. En el transcurso de la semana que pasó el Presidente reunió a los principales empresarios para exhortarlos a invertir, algo a lo que muchos se han mostrado reticentes. Pasa que solo el efecto combinado de financiamiento fresco e inversión alta pueden garantizar una baja consistente de la inflación, porque una economía dinamizada por estas variables no requerirá exclusivamente de la emisión monetaria como forma de mantener la actividad. Por supuesto, lo que falta ahora es la calidad de la administración para usar adecuadamente el excedente. Recordemos que finalmente se tomaron 16.500 millones de los cuales 9.300 están comprometidos para satisfacer al contado a los holdouts según lo acordado en la causa del juez Griesa. Hay casi 7.000 millones de excedente que, según informó el gobierno se utilizarán principalmente para financiar obras que debieran, en corto plazo, reactivar la construcción de las industrias que ocupa más gente y distribuye más rápido.
Una curiosidad llamativa es que la mayor parte de las ofertas se concentraron en inversores de Estados Unidos, el país con más fondos e individuos afectados por el pagadiós que cantamos oficialmente a principios de 2002. Es seguro que en el gobierno flotará una sensación de gran alivio. Y no sólo en el aspecto económico. Ahora tiene en las manos el primer instrumento sólido, no único por supuesto, para enfrentar 2 desafíos en los que corre contra el tiempo: inflación y recesión.
