Abajo de las arrugas sacaron sonrisas, sabiéndose privilegiados. Eran unos pocos hombres los que allí parados, frente al busto de piedra de Juan Domingo Perón, lo habían conocido en persona. Ayer, en el principal acto por los 36 años de la muerte del General, la Plaza Aberastain juntó sólo a peronistas del ala oficial del partido. Ningún disidente a la vista, y ningún acto paralelo se dio, como sí hubo otros años. José Luis Gioja y Marcelo Lima encabezaron los únicos discursos. Y las palabras del gobernador sonaron a las primeras de campaña: "indudablemente se avecinan tiempos donde los sanjuaninos vamos a tener que elegir, y donde los que abrazamos esta doctrina vamos a tener que proponer. Estén convencidos que los vamos a hacer inteligentemente, que no vamos a derrochar tiempo en cosas que no le interesan a la gente, que vamos a llevar el compromiso de gobernar esta querida provincia de San Juan siguiendo el ejemplo y el ideal que el General nos enseñaba".
Paraditos al costado, con sus mejores trajes, escuchaban atentos los peronistas de antaño, cuerpos rondando los 80 años pero cargando en la cabeza añoranzas de la JP como si hubiera sido ayer. Alfredo Cortez (80), Rosendo Puentes (80), Domingo Balmaceda (79), Carlos Harica (72) y Bartolomé Trigo (67) recordaron a la vez una ráfaga de los años "40, su primera impresión de Perón en la memoria, en un acto en el Estadio por la reconstrucción de San Juan. Y la coincidencia, otra vez, en recordar en palabras graves eso de los derechos del trabajador que tan poco se usaba por aquellos días (menos que ahora, recalcaron). Que la gamela de viñateros de San Juan se hizo más liviana, que la jornada de 8 horas, enumeraron.
Harica contó que en el "62 un grupo de la revolución peronista, que eran no más de 6 contándolo a él, atacaron el distrito militar sobre calle Mitre para reivindicar el golpe fallido de 1956 de Juan José Valle, que fue fusilado por Aramburu. "Ibamos así nomás, hicimos una pegatina y tiramos sangre de vaca por el derrame de sangre argentina pero nos reprimieron ahí nomás", recordó. "Desde ese entonces me conocen como subversivo. Yo tengo muchas entradas y hasta caí en La Plata", dijo. Todo por la causa del General.
A Cortez también le pintaron los dedos varias veces por la militancia. Contó que su hija se casó con un policía federal que ya lo conocía, por las fotos históricas que tienen suyas en Buenos Aires. "Con este sobretodo fui a recibirlo al General a Ezeiza (en el "73, tras el exilio de Perón en España) ¡y qué manera de correr en la balacera!" dijo, tocándose orgulloso un tapadito claro.
Todos empezaron a militar siendo unos muchachos de quince o dieciséis, yendo a escuelas sindicales que funcionaban frente a la Plaza que ayer les vio las canas. Hoy, dijeron, poco los tienen en cuenta en el partido, aunque tratan de no desaparecer y cantan la marcha peronista como si fueran adolescentes.

