Si bien ya había visitado tres veces San Juan como candidato presidencial, el 4 de abril de 2003 Néstor Kirchner llegó a la provincia con un respaldo de peso que lo catapultaría definitivamente a la Casa Rosada: el aval oficial del entonces presidente Eduardo Duhalde. Además, el senador José Luis Gioja por primera vez le daba su apoyo oficial y le abría las puertas del partido justicialista local. De esa forma, la sociedad entre el santacruceño y el sanjuanino se cristalizaba y nacía una relación política fructífera para San Juan.

Durante su estadía, DIARIO DE CUYO dialogó con Kirchner quien dejó plasmado que Gioja "tiene toda una trayectoria de prestigio" y agregaba que "forma parte del proyecto que estamos llevando adelante para reconstruir al país". Sin embargo, a la hora de apoyar a un candidato para la gobernación local, entre los que estaban el mismo Gioja y el chimbero Antonio Camacho, el primero en apostar por el patagónico, no se arriesgó y aseguró que "quiero y respeto por igual a los dos".

En la entrevista, el entonces gobernador santacruceño daba por sentado que en las elecciones del 27 de abril de ese año iba a haber segunda vuelta con Carlos Menem, tal como sucedería finalmente. En la contienda electoral, Kirchner alcanzó tan sólo el 22 por ciento de los votos, 2 puntos menos que el riojano, quien luego se bajaría del ballotage.

En esa época, el santacruceño resaltaba "el invalorable apoyo del doctor Duhalde", a quien se negaba a incluirlo en la denominada "vieja política" y al que calificaba de "generoso" por el hecho de no presentarse como candidato para "viabilizar el camino para que pueda venir una nueva dirigencia para todo el país". Al acceder a la presidencia, Kirchner y Duhalde se enfrentaron y el vínculo se rompió.

Tras una conferencia de prensa en el PJ local, el candidato se reunió con la dirigencia gremial y luego mantuvo un encuentro con productores, empresarios e industriales en un hotel céntrico, convocados por el aparato de campaña que preparó Gioja. En la exposición, Kirchner criticó ferozmente la convertibilidad y atacó duramente la apertura indiscriminada del mercado a los bancos extranjeros que obtuvieron ganancias récord. "El Estado no puede mirar de costado cuando las asimetrías son fortísimas", dijo ante el auditorio, al que le remarcó que iba a mantener las políticas sociales pero con el objetivo de "cultivar la cultura del trabajo".