Lo que más le gustó a Allende fue recibir, en solitario y en nombre de todos los argentinos, a Lula Da Silva, a quien admira profundamente.

El intendente tuvo un rol privilegiado en la Cumbre del Mercosur. Como anfitrión del departamento donde se ubica el aeropuerto, recibió uno a uno a los seis presidentes que llegaron a San Juan entre lunes y martes. Al boliviano, a Cristina Fernández, al uruguayo José Mujica y al brasilero la primera jornada, y al paraguayo Fernando Lugo y el chileno Sebastián Piñera, en la segunda jornada.

Allende estuvo con los dos primeros junto al gobernador, después al lado de la primera dama y de la esposa del vicegobernador para darle la bienvenida al tercero, y solo, para recibir al brasilero. Es que Lula llegó casi a las once de la noche, y a esa hora estaban todos en la cena de gala. De todos modos, él quería ir igual. "Yo pedí ir a verlo al presidente de Brasil porque admiro su trabajo". En la espera, tuvo más de media hora para charlar con el embajador del país carioca, a quien el nuevejulino le contó, a pedido del brasilero, que la obra que más quiere para su comuna es la red de gas y le refrescó que el proyecto del túnel por Agua Negra es lo más importante para San Juan. "El embajador estaba compenetrado con el proyecto del túnel, lo conocía muy bien", aseguró el intendente.

A todos los presidentes les dijo además de Buenas tardes o Buenas noches, que eran muy bienvenidos a 9 de Julio. Con el que más conversación tuvo fue con Lula, quien le dijo apenas bajó "Está fuerte la brisa" y el nuevejulino le explicó que ese no es el clima habitual de San Juan y excusó al gobernador por no poder estar presente. "Entiendo", contestó el brasilero.

Para tamaña tarea, Allende pasó muchas horas en el aeropuerto y tuvo que hacer varias corridas para cumplir con el protocolo. Contó que se puso el más nuevito de sus dos trajes, que estrenó una corbata con rayitas grises que le compró su señora el primer día y que se puso, para el segundo, la misma con la que asumió y que no usaba hace mucho.

Tan a las corridas anduvo, que recién a la medianoche le pudo llamar a su hijo para contarle lo que había vivido: "una de las mejores y más importantes cosas en mi vida política".