Si hay algo que el pocitano va a dejar cuando abandone el sillón de Sarmiento, es haber patentado la forma de conducirse política e institucionalmente con un gobierno nacional de otro color político. Incluso, siendo casi pionero en esa materia. Es su gran capital político, lo que lo diferencia de otros gobernadores peronistas y de José Luis Gioja, su antecesor.

En esa línea, hoy volvió a marcar el rumbo: dijo estar preocupado por la economía del país y reafirmó su pertenencia a otro espacio político, con una frase que no deja dudas: “No oculté las coincidencias, menos aún ocultará las diferencias con el Gobierno Nacional”, dijo. Aunque después tiró una propuesta, a modo de ayuda: “...desde aquí impulso la idea de avanzar en un gran acuerdo nacional, un pacto que entienda los grandes desafíos pendientes, y a su vez, comprenda lo heterogéneo de la realidad de nuestro país. Deberíamos ser capaces de acordar u conjunto de medidas que mejoren las condiciones macroeconómicas y generen desarrollo para los argentinos”, aseguró. Eso que parece una gran ambivalencia o ambigüedad, criticar pero ayudar, es la madre de las estrategias del uñaquismo sanjuanino. 

La otra “marca” del discurso es, sin dudas, el acento que puso en la responsabilidad de los funcionarios. Lo hizo adelante de los diputados que armaron una comisión especial para investigar la obra pública giojista, incluso con el apoyo de los legisladores del oficialismo. Hoy dijo que “Los políticos somos responsables de los efectos económicos que producen nuestras decisiones”, para anunciar la adhesión al nuevo régimen de Responsabilidad Fiscal y buenas prácticas de Gobierno. Además de la reforma de la administración financiera y la modificación al Régimen de Compras y contrataciones públicas, para que “...el Estado compre en las mejores condiciones con la consigna lógica que el dinero del Estado tiene que ser más cuidado aún y mejor invertido”, djio.

Para no dejar dudas, le puso fecha a la nueva ley de coparticipación: junio. Desde ese mes los diputados debatirán el proyecto que el oficialismo y los intendentes de la oposición armaron para terminar con una deuda institucional que ya tiene unos 30 años, aproximadamente. 


En resumen, el mandatario se guardó poco, pero fue más de lo mismo. Palos directos para Macri, y solapados para el peronismo que no quiere renovación