El jueves último vivimos un momento histórico en nuestro país. Comenzó una nueva etapa tras 12 años de kirchnerismo.
Con la asunción de Mauricio Macri como presidente de la Nación, se cristaliza un cambio de signo político en los plazos establecidos, cuestión que desde la vuelta de la democracia sólo habíamos vivido en el traspaso de Menem a De la Rúa en 1999. Finaliza también el ciclo político más largo de la historia democrática argentina, y comienza uno que, por primera vez, no tendrá a un integrante del Partido Justicialista o de la Unión Cívica Radical como presidente. Un cambio importante, cuyo significado se irá descubriendo (y construyendo) con el correr del tiempo.
EL DISCURSO DE ASUNCIÓN
El discurso de asunción de Mauricio Macri, si bien no avanzó en políticas concretas a llevar adelante en esta primera etapa de su gobierno, sí dejó en claro la continuidad de algunas líneas rectoras marcadas en la campaña electoral y el cambio que se viene.
La repetición de los tres ejes temáticos de la campaña: pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos, se plantean como un horizonte de gestión ambicioso que generará, en el futuro, la unidad de medida del éxito de su gestión. Al mismo tiempo, se plantó como un líder con características muy diferentes de la de Cristina Fernández y con una concepción de la política diametralmente opuesta a la de la expresidenta. En lo que sigue analizaremos esto último
EL CONFLICTO Y EL CONTEXTO KIRCHNERISTA
La política tiene dos dimensiones que la constituyen y que son inescindibles: el conflicto y el consenso. Diferentes líneas teóricas ponen el énfasis en uno u otro de estos componentes, dando lugar a distintas concepciones y formas de hacer política.
En el caso del kirchnerismo, la concepción del poder estaba anclada en el conflicto como generador de tensiones que contribuyen a la generación de nuevas políticas, al avance social y la ampliación de derechos. Así, tanto Néstor como Cristina anclaban su discurso político y sus acciones en los denominados ‘clear cut issues‘, temas que dividen a diferentes grupos sociales y cuyo debate genera nuevas políticas. Ejemplo de este tipo de temas son: la ley de medios, la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, la estatización de las AFJP, y las restricciones al cambio de moneda, entre muchos otros. Medidas de fuerte componente polémico, motorizadas por el propio gobierno y que tienden a la polarización social, que marcan la agenda de los temas en debate y funcionan como temas ante los que los ciudadanos deben posicionarse. El tinte de las presidencias K, ha sido el del decisionismo, el del ejecutivo al frente de diversas políticas que motorizan el debate social. Haciendo un análisis lingüístico básico, puede decirse que los términos más usados desde esa posición son dicotomías: Nosotros-Ellos, Futuro-Pasado, Inclusión-Exclusión, Liberación-Dependencia, entre otros.
Para comprender este modo de hacer política, debe tenerse en cuenta el contexto en el que surge el kirchnerismo y las demandas sociales. En 2003 la Argentina venía de un presidente que había renunciado en medio de protestas y represión, de cinco presidentes en una semana y de una gran inestabilidad económica y política. La demanda de la sociedad era la de un liderazgo firme, que condujera al país para salir de esa tormenta. A pesar de su escasa legitimidad de origen (asumió con un 23% de los votos) Néstor Kirchner pudo generar una fuerte legitimidad de ejercicio a partir de la respuesta a esa demanda social: decisiones fuertes, protagonismo excluyente del líder y generación de dicotomías como motor político. Ese fue el signo del kirchnerismo, y también lo que generó resistencias en ciertos segmentos de una sociedad crecientemente politizada.
EL CONSENSO Y EL CONTEXTO MACRISTA
Con los años se fue consolidando el reclamo por cuestiones que pueden parecer de estilo político, pero que en el fondo están basadas en el modo de entender la política misma. Sobre estas demandas difusas de cambio, de acuerdos y de resistencias a ciertas políticas y formas de hacer uso del poder, se fue configurando el escenario político que terminó en los resultados electorales recientes, en un Poder Legislativo dividido y en el triunfo de Cambiemos por menos de 3 puntos sobre el Frente para la Victoria.
Respondiendo a las demandas de los segmentos sociales que hicieron posible su triunfo, el gobierno macrista naciente tiende a centrarse en difusse issues (temas difusos o generales) y transversales, que no generan división en la ciudadanía. La mirada parece priorizar el consenso sobre el conflicto, basándose en una línea política distinta a la que dio sustento al kirchnerismo. Esto se evidenció claramente en la campaña electoral, y fue reafirmado en el discurso del último jueves. Algunas de las palabras más repetidas en el discurso fueron: todos, juntos, equipo, diversidad, consenso. En el mismo camino va la convocatoria a los excandidatos presidenciales en su primer día de gobierno y a los gobernadores en la primera semana, bajando el tono a la controversia y evitando generar dicotomías.
Lo cierto es que en el escenario político actual, en el que no cuenta con mayoría en ninguna de las Cámaras, el presidente deberá recurrir a un proceso permanente de construcción de consensos para que se aprueben sus iniciativas, o a gobernar utilizando de manera sistemática los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU). Es un gran desafío el que deberá afrontar, ya que, si bien no tendrá problemas para implementar los temas transversales, sobre los que todos están de acuerdo, sí encontrará dificultades para atender los ‘clear cut issues‘, o temas controvertidos. Allí deberá construir mayorías circunstanciales para obtener la legitimación del Poder Legislativo. El tema es que en un gobierno nacional, los temas que dividen aguas se presentan de manera continua, por lo que será muy interesante analizar cómo los encara el actual gobierno desde una matriz consensualista, y en un marco de minoría legislativa. Contará en principio con el capital de imagen del nuevo presidente, y con el período de luna de miel con la ciudadanía, que deberá administrar sabiamente para construir progresivamente su legitimidad de ejercicio y consolidar sus políticas.
En este nuevo ciclo hay varias cuestiones que no presentan antecedentes. Será, por eso, un gran desafío para el nuevo gobierno y un gran desafío para la Argentina.

