Cristina Fernández y Lula da Silva bajaron del salón Cruce de Los Andes conversando. Avanzaron por la alfombra de la planta baja conversando. Saludaron apenas con inclinaciones de cabeza y sonrisas a los demás porque estaban conversando. Entraron a la zona de la foto más esperada del día, conversando. Y mientras a los demás presidentes sudamericanos y funcionarios del Mercosur los ordenaban para hacer la tradicional "foto de familia" que dominará las imágenes hasta la próxima cumbre, ellos dos estuvieron en medio de la escena. Conversando. Fueron apenas 3 minutos de charla, pero poco después de ese trazo grueso, fue enunciado el enérgico parlamento del brasilero para los micrófonos del mundo.
La foto es uno de los rituales más folclóricos de la Cumbre del Mercosur en todas sus ediciones. Es la imagen institucional con la que sus miembros pretenden estampar, a los ojos del mercado global, un discurso de cohesión en el bloque regional. Pero lo que no se ve generalmente en los medios es la previa, las escenas que preceden a esa foto. Justamente eso es lo que tuvo tan concentrados a Lula y Cristina, al punto que ya estaba todo dispuesto para la fotografía oficial, y ellos seguían enfrascados en su diálogo.
El escenario de la imagen fue la planta baja del ala Sur del edificio, donde Cristina había recibido a sus pares tras la fanfarria de los granaderos. El fondo era una enorme pantalla azul de acrílico, con el logo del Mercosur y las leyendas institucionales de la Cumbre. Allí mismo, en la alfombra roja, había marcas hechas con blanco que indicaban dónde debía pararse cada mandatario. Las dos marcas centrales tenían destinatarios incanjeables: Cristina y Lula.
Antes de que la Cumbre hiciera su cuarto intermedio para la foto, los custodios ya habían permitido el paso de fotógrafos y camarógrafos, que debieron atravesar un detector de metales, un cerco de seguridad y casi 20 metros de llovizna bajo cero cayéndoles en el cuerpo. Una vez adentro, fueron ordenados por un coordinador, que les indicó el sector a ubicar: a pocos metros de los presidentes, detrás de una valla de cinta.
Dos coordinadoras de Cancillería le decían a cada mandatario dónde ubicarse para la foto. Y cuando los flashes empezaron a dispararse, ellas todavía atravesaban de punta a punta la escena, lo que les valió varios silbidos de los trabajadores de los medios y exclamaciones de los propios presidentes.
En los últimos segundos previos, una instantánea quedó para el recuerdo: dos grupos de mandatarios varones a ambos extremos, y en el medio, sola, mirando al frente con las manos juntas adelante, Cristina Fernández.
Fue Lula da Silva quien tomó la batuta en la producción fotográfica y, asiendo de las manos a Cristina y a Lugo, se las levantó para que todos posaran así. Y así fue la imagen que todos captaron, con los presidentes con las manos en alto en señal de victoria, con el clima ya puesto a rodar para que más tarde Lula elogiara efusivamente a San Juan como sede de esta Cumbre del Mercosur.

