La reforma laboral de Javier Milei no solo ha generado un sismo en las bases trabajadoras, sino que ha forzado al menos a la cupula sindical sanjuanina a mirarse en un espejo que devuelve una imagen incómoda. Eduardo Cabello, referente de la CGT en la provincia, lo definió con una honestidad brutal: el conflicto actual es, en rigor, el despertar de un “elefante” que permaneció dormido mientras el mundo del trabajo se transformaba en sus narices.

Según el propio Cabello, el gremialismo falló en prever lo que el contexto global ya anunciaba, dejando pasar el tiempo sin proponer una modernización del sistema bajo términos propios. Esa falta de reflejos hoy los encuentra a la defensiva, intentando frenar una reforma que, desde su perspectiva, no llega para crear empleo sino para facilitar la retirada de un sector empresarial que ya no puede competir. Para la central obrera sanjuanina, la normativa funciona como un “boleto de salida”, un mecanismo que permite a los industriales desarmar sus estructuras en cómodas cuotas ante una apertura comercial que amenaza con asfixiar, principalmente, al sensible sector textil de la provincia.

“Hay cosas que se tendrían que haber hecho un tiempo atrás, previendo lo que el mundo se veía venir”, dijo Cabello.

El escenario que describe la conducción local es el de una tormenta perfecta donde la desprotección legal se encuentra con una economía paralizada, según explicó en Radio Sarmiento. El planteo de pagar indemnizaciones en doce meses, en un contexto de inflación galopante, es visto como una burla que licúa el último resguardo del trabajador despedido. Al mismo tiempo, la pérdida de autonomía sobre las vacaciones y el descanso anual marca, para la CGT, el inicio de una precarización legalizada que ya asoma en el sector privado. Esta situación ha sacado al gremialismo de su estado de quietud, transformando la resignación en una advertencia política directa hacia los legisladores sanjuaninos, quienes cargarán con el costo de mirar a la cara a sus representados si deciden avalar lo que consideran una ley leonina.

La movilización y la amenaza latente de un paro general son la respuesta a una reforma que el sindicalismo interpreta como un certificado de defunción para la industria local. Sin embargo, queda flotando en el aire la amarga reflexión de que, quizás, si la estructura se hubiera movilizado antes para leer los cambios del mundo, hoy no estarían luchando contra un destino que parece haberse escrito mientras ellos descansaban.