En la película Gibson, de 54 años, da vida a un veterano detective de homicidios que, destrozado tras el asesinato de su hija (Bojana Novakovic, "Arrástrame al infierno"), se sumerge en un mundo de oscuros entresijos corporativos y connivencia gubernamental intentando arrojar luz no sólo sobre la muerte de su única hija, sino sobre quién era ésta realmente.

"Hace siete años decidí dejar de actuar porque me sentía sin ideas", dijo Gibson, según la agencia de noticias DPA. "Después de 30 años haciendo lo mismo, uno se siente un poco trasnochado".

Sin embargo, después de leer el guión de William Monahan (ganador de un Oscar por "Infiltrados") y Andrew Bovell (premiado en San Sebastián por "Blessed"), el actor sintió que "era el momento" de volver a ponerse frente a las cámaras.

Tras su exitosa trayectoria como realizador, el ganador de dos Oscar por "Braveheart" (mejor película y mejor dirección) afirma que ahora siente "mucha más empatía" cuando se pone a las órdenes de un cineasta.

"Uno empieza a entender qué líneas dividen a actores y directores", dijo Gibson, que tras debutar con "The Man without a Face" también dirigió "La pasión de Cristo" y "Apocalypto".

"Cuando dirigía me di cuenta de que si alguien tiene una buena idea, hay que saber ’robarla’, hacerla tuya", señaló, explicando que el director no es el único que puede tener buenas ideas. Y eso mismo lo aplica a la hora de actuar, aunque "siempre respetando la visión del realizador".

En este sentido, aunque confesó que dirigir es "más interesante" y le "llena mucho más", actuar también es una forma de "darse un respiro".

De momento, ya tiene varios proyectos entre manos: un filme sobre vinkingos, para el que contará con Leonardo DiCaprio, y la producción de una cinta mexicana que recientemente generó polémica al causar la reubicación de varios cientos de presos del penal de Ignacio Allende, en Veracruz, donde en 2006 filmó "Apocalypto".