Criar un hijo no es nada fácil, ser padres es un oficio tan maravilloso como, en ocasiones complicado. La familia actual, en ocasiones, tiende a fraternalizar sus vínculos declinando así el sostenimiento de la autoridad parental. Todos son iguales y no hay delimitación de lugares y espacios dentro de la familia. 
Se debe tener en cuenta que los hijos van desarrollando una conducta social autónoma directamente vinculada con el modo en que los adultos limitan sus impulsos. 

 

En la medida en que los padres ponen límites los niños van incorporando dos estructuras fundamentales: la conciencia moral y el sentimiento de culpabilidad. Estas herramientas entre otras favorecerán y permitirán la incorporación del niño en la sociedad y el respeto de las normas y obligaciones en la relación con los demás. El gran conflicto entre padres e hijos, es la gran dificultad de muchos adultos para ejercer la autoridad. Permitirse y ser decididos a la hora de poner límites a sus hijos, decirles que hay cosas que no pueden hacer y mantenerse firmes en su decisión. Algunos padres temen que sus hijos los dejen de querer si les ponen límites, por esta razón no se atreven a ponerlos. Muchos temen ser malos padres. 

 

 

Para comenzar con esta tarea los padres deben tener en cuenta que los espacios físicos dentro de la familia son muy importantes para la incorporación de la autoridad y el sentido de intimidad por parte de los niños, y si son administrados de modo adecuado, constituyen un límite en sí mismos. Es recomendable que duerman en su habitación y que desde pequeños se trabajen hábitos como cerrar la puerta cuando se está en el baño, golpear antes de entrar a la habitación de sus padres, cambiarse de ropa en la habitación y no en cualquier lugar de la casa, etc. 

 

Los hijos deben tener claro su rol dentro de la familia, las decisiones las toman los padres. La comunicación es un factor fundamental, se debe escuchar a los hijos y dentro de lo posible y de acuerdo a su edad,que entiendan el porqué del “NO” frente a determinadas situaciones. Sin embargo esto no debe convertirse de ninguna manera en una negociación y/o justificación por parte de los padres de su decisión frente a los hijos. Los niños deben disfrutar de la infancia, pero también deben tener límites. Un niño al que se le ponen límites es un niño amado.

 

La dificultad de algunos padres para poner límites tiene que ver a veces con que les cuesta tolerar el enojo de los hijos y si son muy chiquitos, los berrinches o rabietas cuando no se les da lo que desean.

 

A medida que los hijos van creciendo las dificultades con las que se enfrentana menudo los padres son que los hijos son desafiantes, se portan mal, no hacen caso, molestan a sus compañeros en el colegio, no respetan las normas, etc.

 

 

Los padres son las figuras de referencia más importantes para un niño. La personalidad se va formando mediante procesos de identificación. Los niños necesitan identificarse con los adultos motivo por el cual resulta fundamental enseñar con el ejemplo. Es muy difícil que un niño aprenda algo que no experimenta en el ejemplo de sus padres. La coherencia entre el discurso y la acción es un factor clave para el aprendizaje del hábito que se quiera enseñar. Es importante recordar siempre que el niño aprende más de lo que hacemos que de lo que decimos. 

 

Los límites son fundamentales para el buen desarrollo psicológico del niño. Sin limites su psique se desborda y el comportamiento a nivel social se muestra cada vez más conflictivo. 

 

Los niños requieren horarios, rutinas, que les digan que deben hacer y que no. Los límites se ponen por ej. cuando  le enseñamos que debe ir al baño, cuando se le enseña que no puede conseguir todo lo que quiere, que debe esperar su turno para subir al tobogán, etc.  Pequeñas frustraciones a sus impulsos que son muy saludables. 

 

Los niños pequeños quieren todo ya, decirle que no, cuando es conveniente es una forma de ordenarlo y enseñarle de a poco a regular sus emociones.
Los niños deben pasar gradualmente de la época en que sus padres se encargaban de bañarlos, vestirlos, darles la comida, al momento de comenzar a hacerlo solos. Durante esta transición El Niño a menudo necesita ayuda.

 

Lo ideal sería dejar que El Niño vaya haciendo solo todo aquello que se vea capaz de hacer, y que los padres lo ayuden solo cuando sea necesario. Para eso será importante  brindarle la confianza necesaria y tener paciencia para esperar sus tiempos. Si lo hacen los papás para agilizar la tarea se desperdician valiosos momentos de aprendizaje en lo cotidiano de los hijos. 

 

A medida que los niños crecen, deben ir adquiriendo pequeñas responsabilidades, colaborando en las tareas de la casa de acuerdo a su edad, un niño de tres años puede llevar su plato a la cocina, guardar sus juguetes,  uno de seis puede colaborar más, poner la mesa, armar su cama, entre otras cosas. Así, a medida que van creciendopueden ir encargándose de más tareas vinculadas a su persona y a la casa. 
Los padres a medida que vayan conociendo a su hijo deben ir encontrando el equilibrio entre límites y flexibilidad. Si los límites se ponen de forma coherente y sin autoritarismos, es probable que el niño desarrolle una buena imagen de sí mismo, se relacione mejor con los demás y se disponga un ambiente favorable para el desarrollo de su personalidad.
 

 

Colaboración. Licenciada en Psiclogía Natalia Mestre