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SALUD

Cómo identificar si un dolor en el pecho puede ser un infarto: cuáles son los síntomas y qué medidas tomar

Un especialista explica cómo diferenciar un dolor de pecho típico de una emergencia coronaria y detalla los pasos a seguir.

Por Redacción Diario de Cuyo 14 de agosto de 2026 - 22:35

El dolor precordial representa entre el 5 y el 10 por ciento de las consultas en las guardias de emergencias, aunque solo una minoría de esos casos corresponde a un síndrome coronario agudo.

Según el estudio ARGEN-IAM-ST, que analizó a 2464 pacientes con infarto agudo de miocardio, la media de tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y la admisión hospitalaria fue de 130 minutos, con una mortalidad intrahospitalaria del 8,7 por ciento.

“Es relevante considerar en el caso que el paciente presente dolor precordial, el tiempo que transcurre entre el inicio del mismo y la consulta”, explica el Dr. Marcelo Alejandro Segui (M.N. 81200), médico clínico, cardiólogo y deportólogo, quien detalló cómo reconocer las señales de alarma y qué hacer ante un episodio agudo.

Cómo reconocer el dolor precordial típico

El dolor precordial clásico se describe como una sensación de presión, peso, constricción o ardor retroesternal. Generalmente dura pocos minutos, aunque puede prolongarse por más de un cuarto de hora, cuadro que se denomina ángor subintrante o angina de pecho. Puede irradiarse al brazo izquierdo, a ambos brazos, al hombro, el cuello, la mandíbula, la espalda o el epigastrio, y suele acompañarse de disnea, náuseas, vómitos, palidez, mareo o debilidad intensa.

Sin embargo, existe un grupo de pacientes en los que el cuadro no se presenta de manera típica. “Existe una población de mujeres adultas mayores y diabéticas donde pueden predominar disnea, náuseas, cansancio, dolor de espalda, mandíbulas o muñecas, que se consideran como equivalentes de dolor precordial”, aclaró el doctor Segui. Reconocer estas variantes es clave para no subestimar un cuadro coronario.

Las señales de alarma que requieren atención inmediata

Hasta que se demuestre lo contrario, debe considerarse un síndrome coronario agudo ante un dolor precordial de características típicas, nuevo o prolongado —de más de 20 minutos— y que aparezca en reposo o ante mínimos esfuerzos, acompañado de:

También debe prestarse atención al dolor progresivo o ángor progresivo, es decir, episodios cada vez más frecuentes e intensos. El especialista advierte que la preocupación debe aumentar si el dolor aparece en reposo o ante esfuerzos cotidianos mínimos.

Qué hacer si el dolor no cede

Ante un dolor torácico agudo compatible con un evento coronario, Segui detalla los pasos a seguir:

-No esperar a ver si pasa. Hay que activar el sistema de emergencias y acudir a una guardia lo antes posible.

-No conducir personalmente. Es preferible el traslado en una ambulancia de emergencias, ya que durante el trayecto puede producirse una arritmia o un deterioro súbito.

-Aspirina. En un adulto consciente, sin alergia ni contraindicaciones, las guías de la American Heart Association (AHA) permiten una dosis de hasta 325 mg masticada.

-No automedicarse con analgésicos para probar si el dolor cede mientras se espera la asistencia; esa indicación debe darla un médico.

-Una vez que el sistema de emergencias (SAME, 107) confirma el diagnóstico de infarto —generalmente mediante electrocardiograma, evaluación clínica y troponina de alta sensibilidad, el biomarcador fundamental para detectar lesión miocárdica—, puede administrarse la aspirina en ese momento.

-Electrocardiograma (ECG) seriado. Si el primer trazado no es diagnóstico, por ejemplo ante un bloqueo de rama izquierda, hipertrofia ventricular izquierda u otras alteraciones que dificultan la lectura, y persiste la alta sospecha clínica, debe repetirse de forma seriada. Según el caso, también pueden sumarse troponinas seriadas, ecocardiograma o angio-TC de cinecoronariografía.

El médico remarca además que deben descartarse otras causas potencialmente graves de dolor torácico, como la disección aórtica, la embolia de pulmón, el neumotórax y la pericarditis.

Un dato relevante surge de otro registro argentino, que relevó a 1759 pacientes con infarto con elevación del segmento ST (IAMCEST): el 37 por ciento ingresó derivado desde otra institución, lo que muestra que buena parte del circuito asistencial no comienza directamente desde el domicilio hacia el centro médico.

Respecto a la demora prehospitalaria, Segui es contundente: “Para la asistencia prehospitalaria, el problema no es solamente cuánto tarda la ambulancia, sino que en Argentina una parte de la demora ocurre antes de que el paciente active el sistema de emergencias”. Y agrega que, según el registro ARGEN-IAM-ST, la demora del paciente en consultar tiene un impacto importante en el tiempo total de isquemia, motivo por el cual el dolor precordial que simula un infarto es más frecuente que el infarto confirmado. “Por ello creo que el sistema prehospitalario debe tener una sensibilidad alta, y evaluar preferiblemente muchos dolores precordiales”, sostiene.

Contar con un ECG prehospitalario se asoció, en el análisis del registro argentino, con lograr un tiempo puerta-balón menor a 90 minutos. Esto confirma que el valor de la ambulancia no está solo en el traslado más rápido, sino en todo el circuito: diagnóstico del dolor, llamada al sistema de emergencias, ECG prehospitalario, diagnóstico, activación de hemodinamia y derivación al centro médico adecuado.

“Nuestro objetivo en Argentina es la realización de ECG prehospitalario, diagnóstico precoz, destino correcto y activación anticipada de hemodinamia. Esto permitirá a la población tomar conciencia y requerir al sistema médico la correcta intervención, a fin de salvar la mayor cantidad de pacientes posibles”, concluye Segui.

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