El vigía creyó ver un barco en dificultades. Navegaba de manera errática, con algunas velas desplegadas y otras dañadas. Durante casi dos horas observaron sus movimientos. Nadie apareció sobre la cubierta. Nadie respondió a las señales. Sin embargo, el barco continuaba avanzando.
El barco que apareció navegando sin tripulación
En medio del Atlántico, un velero avanzaba sin rumbo firme. Conservaba su carga, tenía provisiones y todavía podía navegar. Pero cuando otros marineros subieron a cubierta, descubrieron que todos sus ocupantes habían desaparecido. El mar no devolvió sus cuerpos ni una explicación.
A comienzos de diciembre de 1872, el bergantín canadiense Dei Gratia atravesaba el Atlántico, entre las Azores y Portugal, cuando divisó aquella embarcación. Su capitán, David Morehouse, ordenó acercarse. Dos hombres descendieron a un bote y remaron hacia ella.
Al subir a bordo no encontraron un naufragio, sino algo más desconcertante: un barco que todavía podía navegar, pero en el que no quedaba una sola persona.
Su nombre estaba pintado en la popa: Mary Celeste.
Había partido de Nueva York el 7 de noviembre rumbo a Génova. Lo comandaba Benjamin Briggs, un capitán experimentado de treinta y siete años. Con él viajaban su esposa Sarah, su hija Sophia, de dos años, y siete tripulantes. Diez personas comenzaron la travesía. Ninguna llegó a destino.
Los hombres del Dei Gratia recorrieron los camarotes. No encontraron sobrevivientes ni señales claras de lucha. El bote auxiliar, el sextante, el cronómetro y varios documentos habían desaparecido. Aquello sugería que los ocupantes abandonaron la nave.
Pero ¿por qué dejar un barco que seguía a flote?
Había agua en la bodega, aunque no la suficiente para hundirlo. Una bomba estaba desmontada y las velas y los aparejos mostraban daños. Aun así, el casco era navegable. Quedaban provisiones para varios meses, los objetos personales permanecían en los camarotes y la carga seguía prácticamente intacta.
Esa carga estaba formada por 1.701 barriles de alcohol industrial.
La última anotación encontrada en la bitácora estaba fechada el 25 de noviembre, cerca de la isla de Santa María. Habían transcurrido unos diez días. Después solo quedaba el silencio: ninguna llamada de auxilio y ningún barco que hubiera recogido a los desaparecidos.
Una dotación del Dei Gratia tomó el control del Mary Celeste y consiguió llevarlo hasta Gibraltar. Sus salvadores esperaban una recompensa. En cambio, fueron recibidos con sospechas.
El fiscal de Gibraltar, Frederick Solly-Flood, estaba convencido de que debía existir un crimen. Investigó un posible motín, el asesinato de la familia Briggs, un ataque pirata y hasta un fraude entre los capitanes. Algunas manchas y marcas consideradas sospechosas alimentaron las acusaciones.
Pero ninguna prueba demostró que hubiera ocurrido una matanza.
Tampoco resultaba creíble que los marineros se hubieran emborrachado: el alcohol no era una bebida corriente. Nueve barriles aparecieron vacíos, posiblemente por filtraciones. Además, unos piratas difícilmente habrían dejado atrás el barco y su valiosa carga.
La investigación concluyó sin establecer qué había sucedido. Los tripulantes del Dei Gratia recibieron una recompensa menor de la que esperaban, pero no fueron acusados de ningún delito. Hubo sospechas; nunca aparecieron pruebas concluyentes.
Con el paso de los años, los hechos comenzaron a mezclarse con la ficción.
Se dijo que había platos todavía calientes, una taza de té servida y hasta un gato desaparecido. Después llegaron los relatos sobre monstruos marinos y fuerzas sobrenaturales. Nada de eso figuraba en los testimonios originales.
Parte de la leyenda fue impulsada en 1884 por Arthur Conan Doyle, quien publicó un cuento inspirado en el caso. Cambió nombres y circunstancias, pero su relato fue confundido con una reconstrucción verdadera. La ficción comenzó a ocupar el lugar de la historia.
La explicación más razonable es menos fantástica, aunque mucho más humana y trágica.
Es posible que Briggs creyera que el barco iba a hundirse. La bomba desmontada, una medición poco fiable del agua y el mal tiempo pudieron hacerle pensar que la situación era peor. Los vapores del alcohol también habrían despertado el temor a un incendio o una explosión.
Briggs pudo ordenar una evacuación preventiva. Quizá pretendía esperar en el bote auxiliar, unido al navío mediante un cabo, hasta comprobar si el peligro era real. Si la cuerda se soltó, el viento habría empujado al bergantín mientras el bote quedaba atrás.
El barco vacío sobrevivió. Sus ocupantes, refugiados en una embarcación mucho más frágil, habrían quedado a merced del Atlántico.
Es una hipótesis posible, no una solución demostrada. El bote nunca apareció. Tampoco fueron encontrados los cuerpos de Benjamin Briggs, su esposa, su pequeña hija ni los siete marineros. El océano borró la última parte de la historia.
El Mary Celeste volvió a navegar durante más de una década. En 1885 fue encallado deliberadamente cerca de Haití durante un verdadero intento de fraude contra una aseguradora. Un final irónico para un barco cuya fama había nacido bajo una sospecha de fraude nunca probada.
Sin embargo, su nombre quedó unido para siempre a aquella mañana de 1872 en la que apareció avanzando por el Atlántico sin una sola persona sobre la cubierta.
Tal vez no hubo una conspiración ni un fenómeno imposible. Quizá solo una evaluación equivocada, una orden comprensible y una cuerda que no resistió. A veces, entre una explicación sencilla y un misterio eterno, apenas existen unos metros de distancia.
El verdadero enigma no consiste únicamente en saber adónde fueron sus ocupantes. La pregunta más inquietante es otra: ¿qué peligro creyeron descubrir para considerar que un pequeño bote en medio del Atlántico era más seguro que permanecer a bordo?
Fuentes consultadas
- Documentación de la investigación del Tribunal del Vicealmirantazgo de Gibraltar.
- Royal Museums Greenwich, “The mystery of the Mary Celeste”.
- Smithsonian Magazine, “Abandoned Ship: The Mary Celeste”.
- Charles Edey Fay, The Story of the Mary Celeste.
- Paul Begg, Mary Celeste: The Greatest Mystery of the Sea.