En sus primeros tiempos (siglo XVI) y hasta muy avanzado el siglo XVIII, la plaza tenía aspecto de potrero, dicen algunos antiguos escritos. Pero hubo una primera vez para producir mejoras e imponerle características que poseían ya espacios similares en Buenos Aires, en Santiago de Chile y en ciudades europeas visitadas por algunos sanjuaninos destacados. Cuenta el profesor Cesar H. Guerrero que el primer gobernante que se ocupó de la ornamentación de la plaza fue el Dr. José Ignacio de la Roza, quien ordenó la primera plantación de árboles. Pero "desaparecido el progresista gobernante, desaparecieron también los árboles”.
Otro adelanto fundamental para la plaza dispuesto por de la Roza fue "formar una pila de aguas”, es decir las fuentes. Para ello, en 1819 realizó una suscripción pública, llegando a conseguir la suma de trescientos pesos. Pero no se concretó de inmediato a raíz de la revolución del año siguiente, 1920. Hubo que esperar a que Domingo F. Sarmiento fuera gobernador para se tomaran medidas definitivas que permitieran que la plaza fuera realmente un lugar de esparcimiento y paseo público. Así, llega por fin un frondoso arbolado "y un trazado de paseo o caminos transversales, proyecto que debió terminar otro dinámico gobernante que le sucediera, D. Camilo Rojo con nuevas plantaciones y arreglos ornamentales”, agrega Guerrero. Precisamente Rojo le cuenta en una carta a Sarmiento cómo siguen las obras que él iniciara: "La plaza ya la tengo terraplenada con buena tierra vegetal, bien nivelada y plantada la segunda calle interior, y en el centro va un círculo de naranjos. Tengo la esperanza de traer el agua de Zonda, y hacer en ese círculo Una pila, sin perjuicio de surtidores de la misma agua en puntos convenientes de la población”.
En 1868 un norteamericano de apellido Buonaporti propuso de nuevo la construcción de una pila de agua para ser colocada en el centro de la plaza, que se concretó posteriormente en el mandato de Valentín Videla. Mucho más adelante, el 15 de diciembre de 1875, el gobernador Doncel encargó a una comisión que gestionara una suscripción pública para construir un jardín en la plaza. Fue en 1884 en la última visita de Sarmiento (que coincidió con la inauguración de la Casa de Gobierno sobre la actual esquina de General Acha e Ignacio de la Roza), cuando se inauguró el servicio de agua potable, y tras 65 años de proyectada por primera vez brotó agua de la pila que se levantó en el medio de la plaza, donde aún hoy existe. Desde entonces la plaza sufrió distintas reformas con deseos de embellecerla más, la última de las cuales data de 2009, bajo la actual gestión del intendente capitalino Marcelo J. Lima. Nuevos trazados conservaron los jardines en cuadros irregulares, dice Guerrero, y los paseos se enripiaron y luego se embaldosaron en la forma actual. La iluminación llegó a la plaza en 1908.
Las estatuas y retretas
El 9 de julio de 1897 se inauguró la estatua a Fray Justo Santa María de Oro, entonces frente a la sede arzobispal, y el 17 de noviembre de 1901, siendo gobernador David Chávez, quedó inaugurada la otra estatua, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, frente a la entonces Casa de Gobierno, hoy avenida Ignacio de la Roza.
El viento Zonda muchas veces causó estragos en la plaza, así como los grandes temporales, pero siempre se recuperó con prontitud la belleza del kilómetro Nº 1 de la Capital.
María del Carmen Reverendo recuerda que en su infancia (antes del terremoto de 1944) "las estatuas de Sarmiento y Fray Justo eran los talismanes preferidos para nuestra recreación. Además, los jueves y domingos eran los días de retreta y nuestros padres nos mandaban a jugar a la plaza”.
Por otra parte, era costumbre, desde finales del siglo XIX y hasta mediados del XX, que la gente joven se acercara por la plaza también a última hora, después de la cena para "hacer un momento de ejercicio al aire fresco que allí corre libremente" gracias precisamente a la buena arboleda. Y agrega Reverendo: "solíamos reunirnos con varios amigos y pasar ratos largos conversando”.
Fuentes consultadas: "Retablo sanjuanino” de Horacio Videla; "Lugares Históricos de San Juan” de César H. Guerrero; "Duendes del Arenal” de María del C. Reverendo (Silvana Roger).

