Pese al inevitable y profundo dolor que provoca la matanza masiva de poblaciones y sus identidades a lo largo y ancho del mundo -algo que ha sucedido lamentablemente en distintas épocas y bajo distintos justificativos que no llegan a explicar ni excusar semejante nivel de violencia e irracionalidad- llega un momento que estas situaciones terminan silenciadas y hasta en el olvido. Cuesta hablar de los genocidios. Sin embargo, Laura Pomerantz, doctora y magíster en Historia del Arte, además de Especialista en Arte Contemporáneo y Genocidio, en Arte y Holocausto y en Genocidios de pueblos originarios de la Argentina, encontró otra mirada para analizar estas atrocidades: justamente la huella que deja el arte. Con ese cometido llegará a la provincia la próxima semana, para estar al frente del curso de posgrado bajo el título "Grietas de una memoria: Genocidio y Arte Contemporáneo", una cita por demás interesante y actualizada no sólo para expertos en el tema artístico sino además egresados y alumnos avanzados de carreras vinculadas a las ciencias humanas y sociales y por qué no curiosos que quieran intentar develar lo que vivieron armenios, judíos, gitanos y homosexuales, bosnios, ruandeses, camboyanos y mexicanos, entre otros grupos sociales a los que -por considerarlos disidentes- se los intentó exterminar. 

Convocada por el departamento de Posgrado de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan y con el aval de la Sociedad Israelita de San Juan, esta catedrática dictará aquí ocho clases -5 encuentros serán presenciales y 3 de ellos virtuales- en las que se permitirá teorizar pero también repasar la historia, contextualizar geográfica pero también socialmente y por supuesto conocer el arte de cada lugar y en ese marco poder valorar distintas expresiones, haciendo foco por supuesto en las obras de artes visuales -aunque también en cada clase incluye ejemplos de textos literarios y producciones cinematográficas- que ha logrado recopilar de distintas partes del planeta donde los pueblos han sido protagonistas y testigos de estas masacres. Más allá que este tipo de capacitaciones la han llevado a tener encuentros similares en distintos puntos del país y del exterior, Pomeranzt está convencida que la tarea de difusión y análisis es fundamental porque los "genocidios no se han terminado".

Algunas de las obras que se analizan son Resistencias sobre Armenia, Kadishman sobre el Holocausto y Tuzla sobre Bosnia.

"A medida que he ido dando estos seminarios, me fui dando cuenta que tengo una necesidad muy fuerte de transmitir estos comportamientos humanos, pese a que sólo soy una conocedora de la Historia del Arte, pero no soy especialista en leyes, aunque lo estudio hace años. Con el tiempo he encontrado más razones que justifican involucrarse en el tema, permitirse ir a los espacios de memoria, porque los genocidios no terminan, se actualizan, cambian de escenario, pero no tienen un cierre definitivo. Hay algo que me empuja desde mi propia "trinchera" -una palabra que cada vez quiero usar menos porque me significa una lucha metafórica- porque considero que hay un impulso intrínseco del ser humano por hacer en estas circunstancias algo creativo, con las herramientas que cada quien tenga. Algo que para mí, termina siendo un acto de resistencia y de defensa de los derechos humanos. Por eso hay que visibilizarlo y dar cuenta que la lucha sigue. Es una marca para toda la vida. Y hay que tomar conciencia como humanidad", casi que se confiesa esta artista que reconoce un interés personal y familiar por la justicia y a la que estos temas le siguen generando lágrimas y que se le ponga "la piel de gallina".

La propuesta de Pomerantz parte de la base teórica que aportó al mundo el jurista judeo-polaco Rafael Lemkin acerca del concepto legal de genocidio. "Un genocidio no es masacre, no es guerra inclusive, que es algo muy diferente. Un genocidio se define como una opresión a un pueblo determinado total, actos criminales, matanzas parciales o totales, abusos de mujeres, exilios, hay una parte débil contra un poder que quiere oprimir al otro, quitarle su identidad, quitarle su cultura, que deje de existir. La guerra en cambio es un ejército contra otro. Lemkin -que primero fue lingüista y luego abogado por eso propone la unión, un híbrido de los términos genos y cidio- fue el principal impulsor para que sea incluido como delito en el derecho internacional y por eso hay juicios, se puede encarcelar gente, hay condenas", explica sobre uno de los aspectos que más se estudian en los encuentros. 

Los otros dos parámetros en los que se adentra es la metodología de Erwin Panofsky -que se interesó por la iconología, sus significados e interpretaciones como expresión de valores- y el arte de la instalación "que es el arte que se ubica en un espacio y que el artista ofrece entrar en él. Hay una interacción totalmente diferente porque se entra en la obra pero también en lo sensorial, el público no es un mero observador sino que participa", aclara. Con estos tres parámetros se involucra a los genocidios que se han considerado oficiales desde la Corte Internacional de La Haya, entre ellos Armenia (la deportación forzosa, la persecución y asesinato de dos millones de civiles en manos del gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, entre 1915 y 1923), Holocausto (del régimen de la Alemania nazi dirigido por Adolf Hitler contra los judíos de Europa durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial -1939 a 1945- en campos de exterminios -cámaras de gas- y trabajos forzosos, en el que fallecieron 6 millones de judíos además de otros grupos como comunistas, homosexuales, gitanos, discapacitados físicos y mentales), Camboya (el régimen maoísta de los Jemeres Rojos, un partido político que gobernó entre 1975 y 1979 con una concepción extremista, generó el exilio forzado de los habitantes, torturas, ejecuciones masivas que le costaron la vida a casi tres millones de camboyanos), Ruanda (fue un intento de exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hegemónico hutu en 1994, asesinando a 1.000.000 de personas y violando a un número semejante de mujeres), Bosnia (1995, fue cometido por las fuerzas en Srebrenica intentando hacer una "limpieza étnica"), México (los 700 femicidios en Ciudad Juárez, en la década del '90 marcaron a la población ya que estas mujeres además de asesinadas fueron violadas y torturadas, aparte de la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero lo que provocó una rebelión popular como no se había dado antes).

"Ahora estoy investigando lo que pasó en el genocidio maya o de Guatemala en los "80, con las comunidades indígenas, para incluirlo. Sin embargo, no aparece lo que sucedió en la Dictadura argentina y en otros países latinoamericanos porque lamentablemente no se los considera genocidios por razones de intereses internacionales, pese a que lo son, por lo que incentivo a investigar, a que los participantes hagan un trabajo final cuyo tema puede ser éste", agrega. 

El punto clave de este espacio es observar, analizar y conmoverse con obras de arte de sobrevivientes o exiliados de estos genocidios o inclusive nuevas generaciones -hijos y nietos- que expresan el dolor de lo que pasaron sus familiares como un legado en su memoria.


Una eminencia

Laura Pomerantz nació en la Argentina, pero sacando cuentas llega a la conclusión que aquí no ha vivido más que 34 años. Esa es una de las razones por las que habla "neutro". Muy joven se fue a Israel, donde consiguió sus primeros títulos de las Licenciaturas en Historia del Arte y en Literatura Hispanoamericana. Allí desarrolló buena parte de su carrera de investigación en Jerusalén. Luego el destino la llevó a México donde se doctoró en Historia del Arte (también es magíster). Por sus intereses personales y por la posibilidad de ser una difusora, se especializó en Arte Contemporáneo y Genocidio, Muralismo Mexicano y Arte Mexicano Moderno, Genocidios de pueblos originarios de la Argentina.

También ha vivido en California. Fue justamente una artista plástica rosarina que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia, Graciela Sacco, quien le fomentó su vuelta al país, algo que hizo sin dudarlo, con sus inquietudes, sus títulos y sus bibliotecas a cuesta.



Para saber más 

Hasta este 8 de noviembre hay tiempo para inscribirse en este curso de posgrado, que comenzará a dictarse el próximo lunes 13, de 17 a 21 horas. Este espacio de formación no tiene costo para los alumnos avanzados de carreras afines ni para el público en general, si está arancelado para egresados. Para mayor información contactarse con la oficina de Posgrado o la Secretaría de Extensión de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ.

Por Paulina Rotman
Fotos: colaboración Laura Pomerantz