Daniela Vitale, así también se llama el negocio donde vende ropa para niñas. La charla con ella empieza contando dónde estudio. "Por aquellos años existía el Instituto de Diseño, es ahí donde estudié, ya hace 15 años que me recibí. Pero mi historia comienza en el seno familiar, una vez con el título mi cuñada me pide que le haga el vestido de novia. Esto era mi primer trabajo como diseñadora y hacedora, por lo tanto había muchas incertidumbres y falta de experiencia en algunas cosas. Creo en las casualidades en la vida, lo importante que es encontrar a esa persona oportuna en el momento indicado. Y, así fue, cuando fui a comprar la tela en el negocio encontré a una modista muy famosa de la provincia, ella se dio cuenta que algunas cosas no manejaba y con toda su buena voluntad comenzó a ayudarme. En aquel momento me ofreció que fuera a su taller en la localidad de Pocito y, así fue que comencé a ir allí. Esto que comenzó con la ayuda de armar el vestido de novia de mi cuñada, terminó ofreciéndome enseñarme todo lo que ella tenía de experiencia acerca de la costura. Por supuesto que accedí y estuve aprendiendo al lado de ella durante cuatro años. Pero un día por cuestiones de salud ya no pude ir más a Pocito. Una cosa trae a otra, nació otra oportunidad, comencé a realizar vestidos de fiesta para mujeres, madrinas de casamiento, de novia, de quinceañera, pero realizar este trabajo era muy estresante para mí, mucha presión a la hora de medir y con la fecha de entrega. Era por una cuestión económica que siempre elegía hacer ropa de grande. En realidad quería algo más tranquilo y me gustaba mucho la ropa infantil, pero los números no me cerraban. Aún así me lance y comencé hacer cursos de moldería infantil, cursos en Roberto Piazza en Buenos Aires. Empecé a gestionar a través de las redes, que es lo más maravilloso que hay cuando uno las sabe utilizar bien, cantidad de información, poder hacer cursos en cualquier parte del mundo; hasta que logré realizar mi propia moldería. Cuando empieza la pandemia y ella el encierro seguí cosiendo, armando y desarrollando lo que tanto estaba en mis sueños, era una oportunidad única. Primero armé los diseños y luego seguir los pasos para fabricar en serie, cosa que nunca lo había hecho. Desarrollé una línea que la llamo de campo (que en realidad no es para campo), trabajo con telas nobles como el tusor, batistas y algodón 100%. Trabajo 4 talles bebes y 4 talles de niñas, una curva de ocho. Esto trajo la búsqueda de proporcionarme todos los materiales y proveedores, era meterme en un mundo nuevo, porque hasta entonces no lo había experimentado. Mis cursos continuaron en pandemia, tanto de telas, de marketing y de todo lo que podía hacer. Y, el camino se fue abriendo solo y digo esto porque en el negocio que estoy hoy, en pandemia lo tenía alquilado mi padre a un hombre que estuvo durante muchos años, ese señor fallece, entonces mi padre me lo ofreció para que yo pueda plasmar mi proyecto. Muchos cuestionamientos vinieron a mi vida e hice todos los coaching para que me ayudaran con esta decisión de abrir mi propio negocio. Me arriesgué porque el local era nuestro y si me iba mal, no había tanta pérdida.











