


En 2018 se consumió menos de la mitad de vino que en 1991, claramente se trata de una caída estructural agravada en los últimos años por variables de contexto económico.
Bodegas en Argentina
La facturación total del sector cayó en 2018 un 5% como combinación de una disminución de casi un 10% en el mercado doméstico y un incremento del 6% en la exportación. Un salto exportador puede ubicar la facturación total del sector un 4% por encima de la de 2018 y revertir así una caída de tres años consecutivos.
Las empresas que producen y venden vinos argentinos se posicionan adecuadamente de acuerdo al rango de precios en el que pueden operar y sus volúmenes se ajustan a ese posicionamiento.
Existe aún una gran concentración de empresas en una posición intermedia que no les permite elevar su rentabilidad por efecto del precio o por efecto de las economías de escala.
La rentabilidad de las bodegas medidas por el Ebitda es baja y cayó en los dos últimos ejercicios y se ubicó en el 15% de las ventas. Dos razones explican la caída: aumento sustancial del precio de la materia prima y un muy mal contexto macroeconómico.
Los gastos en personal influyeron en la rentabilidad y pasaron de representar alrededor del 50% del costo total en relación a las ventas subiendo unos 8 puntos en relación a años anteriores.
Además del riesgo de invertir en Activos Fijos hubo una fuerte exigencia de inversión en Activos Corrientes. Los inventarios pasaron de 121 días cinco años atrás a 138 días en el último ejercicio.
El sector financiero, además de haber disminuido su cuantía de préstamos se enfrenta a que muchas de sus empresas clientes han disminuido su capacidad de endeudamiento ya sea por crecimiento de los préstamos en años anteriores o por un deterioro de la rentabilidad de sus activos.
En los próximos años una mejora en facturación puede beneficiar la rotación de los activos y un menor precio de la materia prima la rentabilidad operativa con lo cual mejorará la capacidad general de endeudamiento para poder crecer.