Aunque muchos la consideran tucumana, nació en La Candelaria, Salta, el 17 de noviembre de 1866, y falleció en Buenos Aires el 7 de junio de 1936. Ocurrió que su padre era originario de Tucumán y Dolores Candelaria Mora Vega, que así se llamaba Lola, vivió en esa provincia desde los 4 años con su familia. Luego estudió Bellas Artes en la misma cuna de la Independencia con el pintor italiano Santiago Falcucci, para continuar después el perfeccionamiento en Roma.
Sus principales obras
Precisamente, quien visita la Casa Histórica de Tucumán puede apreciar los impresionantes bajorrelieves en el patio principal, realizados por la artista en 1900. Y si bien son numerosas sus obras de arte, la más destacada es la Fuente de las Nereidas, inaugurada en 1903, esculturas que muestran cuerpos desnudos emergiendo triunfalmente de las aguas. Esta creación suya provocó críticas de la pacata sociedad de la época, lo que provocó que fuera trasladada desde su inicial ubicación, cerca de la Casa Rosada, a la Costanera Sur, donde se encuentra aún. Luego pueden citarse el grupo escultórico del Monumento Nacional a la Bandera Argentina en la Ciudad de Rosario; en Jujuy, las estatuas "La Justicia", "El Progreso", "La Paz" y "La Libertad" (emplazadas alrededor de la Casa de Gobierno); "El Trabajo" (frente a la estación ferroviaria) y "Los Leones” (en el barrio Ciudad de Nieva). A estas obras se agregan el monumento a Nicolás Avellaneda en la plaza Alsina, de Avellaneda; la estatua de la Libertad, Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán; el monumento a Juan Bautista Alberdi en la plaza Alberdi, de Tucumán, entre otras.
Su testimonio artístico en San Juan
El 25 de junio de 1951 fue instalada en la ciudad de Jáchal la estatua de Francisco Narciso Laprida, aunque primero estuvo enclavada en el Parque de Mayo de la capital sanjuanina desde su llegada a San Juan en 1930. Con una imagen más bien juvenil del prócer que fuera presidente del Congreso de Tucumán el día de la Declaración de la Independencia, fue realizada en mármol de Carrara. Algunos tuvieron la osadía de pintarla en varias oportunidades con esmalte sintético, error que ha provocado la necesidad de una pronta restauración por parte de técnicos de las universidades Nacional de San Juan y de Tucumán, con el apoyo de la Municipalidad de Jáchal. A cargo de una especialista, la restauradora tucumana Beatriz Cazzaniga, la labor, iniciada en 2006, incluyó primero analizar las peculiaridades de la furtiva pintura para disponer en consecuencia. La profesora y notable artista plástica Eneida Roso, a la sazón directora del Centro de Creación de Artes Visuales y Museo Tornambé, explicó a DIARIO DE CUYO que el objetivo primario de la restauración es sacar todas las capas de pintura a fin de que quede al descubierto el mármol original. Evidentemente no es tarea fácil, pero se ha llegado a cumplir la primera etapa por ahora. Sin embargo, es importante que se tomara en su momento la decisión de reparar la obra, y se sabe que para ello se contó con aportes de la empresa minera Barrick.
Una gran escultora sin amor correspondido
Su vida sentimental fue seguida con cierto interés por lo medios de entonces. Así, entre las historias en torno a su mundo privado, se le atribuyó un romance con el ex presidente Julio A. Roca. Pero lo cierto es que en 1909, a los 43 años contrajo matrimonio con Luis Hernández Otero, veinte años menor que ella. Pero éste la abandonó cinco años después. La reconciliación llegó muy tarde, el 30 de mayo de 1936, ya que muere una semana después, el 7 de junio, a los 69 años. Sus restos descansan en la Casa de la Cultura de Tucumán, y seguramente su alma volará tan alto como la enorme valoración que se hace cada día más a su gran obra en todo el mundo.
Precisamente, lo que trasciende a nuestros días es el ejemplo de una artista admirablemente sensible, sobresaliente e ilustre luchadora en tiempos en que la mujer debía abrirse paso con grandes dificultades. Entre los numerosos premios y reconocimientos destaca la medalla de oro en la Exposición de París de 1899, con un autorretrato, y el otorgamiento para realizar un monumento a la reina Victoria en Australia que terminó rechazando porque se le exigía hacerse ciudadana inglesa. Esperemos la pronta conclusión de la obra de restauración del citado monumento en Jáchal. Será un sincero homenaje de los sanjuaninos, desde la admiración y el respeto, a la primera escultora argentina y latinoamericana. A la célebre artista definida alguna vez como "discutida, atrevida y genial".

