La sequía, producto de la baja acumulación nívea en la cordillera, deja sus secuelas visibles en todos los embalses de la provincia. Dos lugares que durante el último verano se convirtieron en íconos de la falta de agua son el Dique de Ullum, donde el nivel descendió tanto que nuevamente se pudo ver los restos de la bodega que había sido tapada por el agua al llenar el embalse hace casi 30 años; y el Dique Los Caracoles, cuyo llenado debió ser frenado, afectando también de esa manera la producción de energía hidroeléctrica.
Caracoles muestra mucho más paredón interno del que debería, ya que no está embalsando agua. Su cota mínima debería ser de 1.082 metros sobre el nivel del mar para poder comenzar a generar energía, pero está en 1.056. Y en Ullum, mientras que la cota normal es de 765 metros sobre el nivel del mar, actualmente se ubica en unos 755, lo que generó muchos dolores de cabeza a los prestadores turísticos del perilago durante el verano pasado.

