Me puse a pensar en esos trucos que los abuelos siempre tuvieron a mano. La menta fresca es uno de ellos, y no es casualidad. La vi en sus patios y cocinas, y hoy te cuento por qué vale la pena tenerla cerca, sobre todo para este fin de semana.
Me puse a pensar en esos trucos que los abuelos siempre tuvieron a mano. La menta fresca es uno de ellos, y no es casualidad. La vi en sus patios y cocinas, y hoy te cuento por qué vale la pena tenerla cerca, sobre todo para este fin de semana.
Mis abuelos siempre decían que la menta era un tesoro. La usaban para el mate, para calmar el estómago o hasta para un resfrío. Dicen que un té de menta por la tarde los ponía como nuevos. Y no se equivocaban: esa fragancia y ese gustito alivian de verdad.

Si la cortás regularmente, crece más fuerte. Guardá un poco seca para el invierno; así no te quedás sin ese gustito cuando haga más frío. Probala este finde y vas a ver la diferencia.
No hace falta ser experto. Ponela en una maceta mediana, de unos 20 cm por lado, con agujeros para que no se encharque. Buscále un lugarcito con luz suave y un poco de sol. En esta época, con 15 a 20 grados, le va de maravilla. Regala cada dos o tres días, pero sin pasarte con el agua.
En verano, suele florecer, y ahí es buen momento para cortarla a unos 5 cm del suelo. Esto la rejuvenece. Si la mantenés con riego y un poco de tierra rica, aguantará hasta que haga frío, cuando las ramas de arriba se secan, pero las raíces siguen vivas para la primavera.
Si la maceta se llena, sacá algunas raíces, cortalas a la mitad y plantalas de nuevo con tierra fresca. También podés clavar tallitos de 10 cm en agua o tierra húmeda; en unas semanas, echan raíces solitos. Mis abuelos lo hacían así y nunca les faltó.
Guardá hojas frescas lavadas y picadas en un frasquito; así tenés menta para cocinar todo el año. Y si tenés varias mentas, plantalas separadas para que no se mezclen los sabores. Cubrí la tierra con corteza o musgo para que no se seque tan rápido.