Dícese, que la historia real de Caperucita, o historia contra fáctica, (Le Petit Chaperon Rouge ("La Caperucita Roja" Perrault 1697), no es la que todos conocemos, sino que en realidad, el "Lobo", fue sometido a juicio, y en el mismo, fue escuchado en su defensa, y la realidad de los hechos fue otra. En este sentido, cuentan, que la defensa del lobo pudo probar diferentes hechos que servirían para cambiar el concepto que todos tenemos de él.
Así las cosas, sus abogados habrían argumentado que: Caperucita Roja no desconocía los peligros inherentes de caminar sola por el bosque, o que tampoco era ajena al hecho que en tales circunstancias podía encontrarse con el Lobo. También se pudo demostrar que ya había sido advertida en numerosas oportunidades sobre la ferocidad de dicho animal salvaje, que por otro lado actuaba (el Lobo), de acuerdo a su naturaleza. También se comprobó que no habrían pruebas fehacientes que determinen que Caperucita fuera menor, y en el caso de serlo, que tuviera permiso para andar sola por el bosque. En otro orden de ideas, se habría probado que si le hubiera ofrecido la cesta de la merienda para que el Lobo calme su hambre, no habrían ocurrido los sucesos referidos, imputables sólo a su avaricia por la propiedad de la canasta. También es cierto que el Lobo no ataca a Caperucita de inmediato, sino que por el contrario, hay evidencias irrefutables de que primero conversa con ella. Por otro lado, es Caperucita quien le da pistas al Lobo y le señala de manera inequívoca el camino de la casa de la abuelita. Finalmente, continua la defensa expresando que la anciana no habría tomado los mínimos recaudos de seguridad, al permitir el acceso a su hogar de un desconocido, y facilitar de este modo el accionar delictivo del Lobo, constituyendo gravísima negligencia, es más, la anciana es totalmente imputable, ya que confunde a su nieta con el Lobo.
