Cantinflas está en el juicio. Lo acusan de haber asesinado a un hombre. Él reconoce que mató a un perro. El fiscal le pregunta cuál es su gracia (nombre). Cantinflas responde "La facilidad de palabra”. La hilaridad es enorme. Van y vienen gags y contrasentidos. El hombre común representado en Cantinflas y los encumbrados representados en la Justicia, que con leyes quieren condenar al humilde, que en su humildad sólo atina a decir la inocente verdad que conoce. Por otro lado está Quico, niño travieso. Trae en una bolsa de papel una ratita al vecindario. El cartel de "prohibido los animales”, se ve grande en la vecindad. Mientras, doña Clotilde, en otra bolsa igual, le trae azúcar a doña Florinda y el "Chavo del ocho” come palomitas de maíz que hay en otra bolsa de papel que está en el piso. Lo hace por hambre. Empiezan las equivocaciones y enredos. De nuevo, la hilaridad es tremenda, y oculta su sentido profundo. Las bolsas de papel van y vienen y la ratita termina en los pelos de doña Florinda en el hombro de doña Clotilde y hasta en el calzón de Ñoño.

