


Si existe un diseño de excelencia, un sistema integrado con mayúsculas, de la más exquisita y refinada ingeniería biológica, mecánica y eléctrica, es el cuerpo humano. Construido a partir de materia reciclable, con átomos que se estima tienen más de trece mil millones de años, cuenta con una estructura de alta resistencia, teniendo nuestros huesos una fortaleza similar a la del granito.
Para distinguir el entorno, la retina tiene ciento treinta millones de células sensibles a la luz, logrando nuestros ojos diferenciar hasta diez mil matices de colores. Nuestro organismo cuenta con alrededor de dos mil receptores de sabor. El cuerpo se autorepara, en este instante cincuenta mil de tus células están siendo reemplazadas por otras nuevas. El cuerpo se auto regula, por medio del sistema de homeostasis mantiene su condición interna estable equilibrando los cambios externos.
Para comunicarse, una persona emite aproximadamente cuatro mil palabras por día. Un impulso nervioso viaja a doscientos cincuenta kilómetros por hora desde el cerebro. Una persona promedio memorizará ciento cincuenta trillones de bits de información. En este momento están ocurriendo cien mil reacciones químicas en tu cerebro. Un hombre fabrica diez millones de espermatozoides al día.
Yendo algo más profundo, para exteriorizar las emociones, derramamos en nuestra vida sesenta litros en llanto, algo así como un millón y medio de lágrimas, cuántas de alegría y cuantas de tristeza dependerá en gran parte de su forma de ver las cosas. Continuar con el detalle sería eterno. Si encuentra dentro de la Vía Láctea un sistema funcionalmente superior o de mayor arte estético que el cuerpo humano, me avisa, para rectificar mi opinión. Siendo esto el "estuche", "la máquina hecha para", analizo cómo será el alma, construida de sustancia inmaterial que aún no comprendemos. Siendo ello el espíritu, analizo con mayor hondura cómo será su sutil proyectista.
Por Guillermo Appendino
@guillermo.appendino
Argentina