12 de diciembre de 2020 - 00:00

La grieta llegó también al deporte

Pablo Matera, capitán de Los Pumas en el histórico partido frente a los All Blacks

En un grupo de Whatsapp que comparto con amigos de la infancia llegó un momento en que me pareció oportuno sugerir que suspendiéramos toda mención a la actualidad política, y alguien agregó que también a creencias religiosas. La tirantez entre convicciones ideológicas distintas, ejercidas de modo radical, sin concesiones y mucho menos tolerancia, creó de la nada esta insoportable grieta, que corta con un filo rabioso y violento nuestra sociedad. Ha dividido amistades de toda la vida, relaciones de trabajo, familias enteras. Hasta enfrentó a los porteños con el interior. Ricos y pobres. Unos y otros separados por un abismo infinito, vomitando agresiones, resentimientos, insultos, descalificaciones y todo tipo de basura que saca lo peor de cada uno. Y alguien, algunos, o muchos, fogueando ese antagonismo para sacar provecho. Ahora le llegó el turno al deporte. Disparador fue la muerte de Maradona y la postura de Los Pumas frente a ella. Días antes, después del histórico triunfo del equipo argentino sobre los All Blacks, increíblemente esa máquina de dividir y crear enfrentamientos, comenzó a viralizar por las redes que era "el triunfo de los chetos", de los cajetillas, de una elite rica y opulenta. Otra vez el "gas sarín" de la intolerancia y el resentimiento. Entonces varios que estaban alegres por esa victoria argentina, sumieron en la confusión porque los jugadores pertenecían al odiado mundo de los oligarcas. No había que festejar el triunfo "de los del puerto". ¡Cuánto hemos atrasado los argentinos! No sé si fue en respuesta de ello, o porque no lo sienten, o por un descuido, que el tributo "Puma" al "Diez" fue tibio e inexpresivo. Contrastó con el homenaje sustantivo de los All Black, antes del partido de revancha. Como consecuencia inmediata, se encendieron a pleno las luces del estadio donde resopla el monstruo aborrecible del rencor. Los "Pumas" fueron sacrificados, con quirúrgica precisión, por el filoso bisturí que operan "las almas bellas", que están del lado de los "buenos". Esta actitud, que se vende como progre, reivindicativa, llevada al extremo de mezclarla con la historia, en mi opinión esconde un fascismo activo, intolerante y autoritario. El que indica qué creer, cómo pensar. ¿Por qué, me pregunto, los "Pumas" tenían la obligación del homenaje a Maradona? Hubiese quedado "bien", sin duda. A mí me hubiese gustado, pero no por eso puedo agarrar del cuello y obligar a lo que no se quiere decir, porque no se siente, o porque no se dieron cuenta y se concentraron para la revancha, que podría llevarlos a otro magno triunfo y "se le escapó la tortuga". No faltó quien, con saña, hurgó entre los "tweets" del capitán Pablo Matera, de ¡hace una década!, y actualizó mensajes supuestamente racistas, de un joven que prometía "pasar por arriba a los negros" que dominaron por siempre este deporte. Si se quiere, una promesa a futuro de, alguna vez, ganarle a los neozelandeses. Como finalmente ocurrió hace unos días. De ahí, a inferir racismo en aquellos términos, es cuanto menos una exageración. Y es también un acto de intolerancia, suponer que una persona no puede cambiar sus modos de expresarse o de pensar, de una década a otra. Pero se especuló que desempolvar aquellos mensajes, encajaría con precisión en la imagen que se quería imponer del cajetilla rico y compadrón, que juega al rugby y odia los carenciados, los negros, "al pueblo" en definitiva. Aviso que hace dos siglos se dejó de hablar de federales y unitarios y de mirar con rencor a los habitantes de "la ciudad del pecado", que vendría a ser Buenos Aires. No se puede seguir ideologizando cada paso que damos, porque vamos mal y el país está en situación desesperante, como para seguir dividiéndonos. De paso, la notable actuación de la selección, pasó a segundo plano. Y fue histórica.
 

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